Juanjo Saunier ilumina un momento histórico de la Sagrada Familia con Astera.

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Iluminar la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia implicó mucho más que diseñar un espectáculo. Para el diseñador de iluminación Juanjo Saunier, el desafío consistió en transformar un concepto artístico en una experiencia capaz de dialogar con una de las obras arquitectónicas más emblemáticas del mundo. En ese proceso, las soluciones de Astera fueron clave para resolver una puesta donde la integración visual, la precisión técnica y la calidad de la luz resultaban inseparables.

La inauguración de la Torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia no era simplemente un nuevo capítulo en la construcción del templo diseñado por Antoni Gaudí. Se trataba de un acontecimiento con una enorme carga simbólica para Barcelona y para millones de personas que siguen la evolución de una de las obras arquitectónicas más emblemáticas del mundo.

El espectáculo debía estar a la altura de ese momento: una propuesta donde la luz, la música y la arquitectura construyeran un único relato capaz de emocionar tanto a los miles de asistentes reunidos frente a la basílica como a quienes seguían la transmisión desde distintos países.

Dentro de esa producción, la iluminación asumía un papel protagónico. El concepto creativo planteaba que la luz naciera desde el interior del edificio, recorriera sus espacios y ascendiera hasta la cruz que corona la nueva torre, convirtiéndose en el hilo conductor de toda la ceremonia. Traducir esa idea en una puesta técnicamente viable fue la responsabilidad del diseñador de iluminación argentino, quien encontró en distintas soluciones de Astera las herramientas necesarias para resolver algunos de los momentos más delicados del proyecto.

Después de más de veinticinco años viviendo en España, Juanjo está acostumbrado a enfrentarse a producciones de gran exigencia. Su carrera se desarrolló principalmente entre eventos corporativos, televisión y desfiles de moda, un ámbito donde la precisión técnica y el cuidado estético conviven con tiempos de montaje extremadamente reducidos.

Ese recorrido profesional terminó moldeando una forma muy particular de entender la iluminación: «La moda me dio un nivel de exigencia muy alto. No sólo importa sorprender, también importa la calidad de la luz, que funcione para fotografía, para broadcast y que todo suceda muy rápido, porque prácticamente no existe margen para el error».

Aunque su nombre ya era ampliamente reconocido dentro del sector corporativo europeo, el último año marcó un punto de inflexión. Primero llegó la oportunidad de diseñar la iluminación para la gira de Alejandro Sanz, un artista con el que siempre había soñado trabajar. Poco después apareció un desafío todavía más inesperado.

Todo comenzó con un mensaje de voz recibido el 31 de diciembre.

Del otro lado estaba Igor Cortadellas, director creativo de Igor Studio, quien llevaba más de un año desarrollando el concepto artístico para la inauguración de la nueva torre de la Sagrada Familia y buscaba a alguien que pudiera transformar aquella narrativa en un proyecto de iluminación.

La propuesta era tan atractiva como intimidante. «Me enseñó un storyboard donde ya estaba construida toda la historia del espectáculo. Lo que buscaba era alguien que pudiera bajar esa idea a la realidad y empezar a convertirla en algo posible.»

Durante los meses siguientes, ambos equipos trabajaron sobre una premisa que no cambiaría hasta el día del evento: la luz no debía limitarse a iluminar la basílica; tenía que convertirse en un elemento narrativo capaz de acompañar la historia que el espectáculo quería contar.

El concepto era claro. «El hilo conductor era la luz. Salía desde dentro de la basílica, conectaba con la comunidad que estaba afuera y volvía a subir hasta la cruz».

Llevar esa idea al terreno técnico significó enfrentarse a una serie de desafíos poco habituales incluso para un diseñador con amplia experiencia.

El primero fue comprender la verdadera escala del proyecto.

Desde el inicio, la organización facilitó al equipo un modelo tridimensional completo de la Sagrada Familia, incluyendo la versión final del edificio una vez concluidas todas las etapas de construcción. «Todo el tiempo tenía la sensación de que me estaba quedando corto. Dibujaba estructuras o posiciones de luminarias y, cuando las veía sobre el modelo de la basílica, parecía que todo era diminuto».

Esa percepción acompañó buena parte del proceso de diseño. Cada decisión debía considerar distancias poco habituales, alturas superiores a los 170 metros y una arquitectura donde prácticamente ningún elemento respondía a geometrías convencionales.

Sin embargo, la dimensión del edificio era apenas una parte del desafío. La otra estaba relacionada con el propio lenguaje visual del espectáculo.

Gran parte de la acción ocurría en espacios interiores que nunca habían sido utilizados para una producción de estas características. Era imprescindible que cada luminaria conviviera con la arquitectura sin alterar la experiencia estética del lugar, especialmente teniendo en cuenta que el evento sería registrado con drones, cámaras cinematográficas y una compleja realización televisiva.

Fue precisamente en ese punto donde Astera comenzó a ocupar un lugar central dentro del proyecto. A medida que avanzaban las pruebas, comenzaron a surgir cuestiones muy concretas que obligaban a encontrar soluciones capaces de combinar calidad de luz, tamaño reducido, control inalámbrico y una integración visual prácticamente imperceptible dentro de la arquitectura.

La primera necesidad apareció durante el desarrollo de una de las escenas protagonizadas por el coro de niños. Originalmente se había previsto utilizar pequeños dispositivos luminosos integrados en los candelabros, pero las pruebas demostraron que la calidad de la luz no alcanzaba el nivel requerido para una producción broadcast.

La solución consistió en rediseñar completamente esas piezas utilizando los AX3 LightDrop de Astera integrados dentro de los candelabros mediante adaptaciones desarrolladas con impresión 3D. De esa manera se mantuvo la estética prevista por el equipo creativo sin renunciar al control absoluto de la iluminación ni a la calidad de imagen necesaria para televisión.

Para Juanjo, aquella decisión sintetizaba perfectamente la filosofía con la que abordó todo el proyecto: «Necesitábamos una calidad de luz superior, pero también controlar completamente ese momento porque formaba parte de la narrativa del espectáculo».

La elección de una luminaria nunca depende únicamente de su rendimiento fotométrico. «Más allá de la calidad de la luz, para mí la estética de las luminarias es muy importante. El montaje tenía que ser lo suficientemente delicado como para no intervenir visualmente un lugar tan especial.»

Ese criterio fue determinante en la Sala Crucero, ubicada a unos 65 metros de altura, justo en la base de la nueva Torre de Jesucristo. Allí se desarrollaban algunas de las escenas más íntimas del espectáculo, con la participación de la orquesta y del coro, en un espacio donde las cámaras recorrerían constantemente la arquitectura desde todos los ángulos.

Para iluminar ese ambiente, Juanjo optó por combinar QuickSpot y HydraPanel.

La elección de los QuickSpot respondió a un criterio que estuvo presente durante todo el diseño de iluminación: lograr que la tecnología acompañara la escena sin imponerse sobre ella. En una producción concebida para ser registrada desde múltiples ángulos, cada detalle del montaje debía integrarse con naturalidad a la arquitectura de la basílica, evitando que soportes o cableado alteraran la limpieza visual del conjunto: «Tenía muy claro que quería trabajar con QuickSpot montados sobre pies de micrófono. Sabía que íbamos a tener planos desde arriba y quería que el montaje se viera limpio, con la menor cantidad posible de cables».

Los HydraPanel, por su parte, aportaron una solución diferente. Su formato compacto permitió integrarlos alrededor del gran óculo central de la sala respetando la geometría del espacio y reforzando el concepto visual del espectáculo: «El formato del HydraPanel conectaba perfectamente. Estéticamente tenía mucho más sentido que utilizar una luminaria convencional».

Para Juanjo, ese tipo de decisiones forman parte del diseño tanto como la programación de una consola, la luz debía dialogar con la arquitectura sin competir con ella.

Una logística tan compleja como el propio diseño

Mientras el público veía un espectáculo de apenas unos minutos, detrás existían meses de planificación y una operación logística poco habitual incluso para una producción de esta escala.

La Sagrada Familia continúa en construcción y gran parte de sus espacios interiores siguen funcionando como una obra permanente. Eso condicionó completamente el montaje.

Mover equipos por el interior de la torre requería recorrer escaleras, andamios y pasillos extremadamente estrechos. «Para entrar a la Sala Crucero todo el material tuvo que ingresar por una ventana, mediante el uso de poleas. No solamente las luminarias; también los instrumentos de la orquesta.»

En ese contexto, el tamaño y la portabilidad de las luminarias adquirieron una importancia mucho mayor que en un montaje convencional.

Cada kilogramo contaba. Cada viaje suponía tiempo. La combinación de soluciones Astera permitió responder precisamente a esas necesidades.

El stock fue suministrado por Alba Audiovisuales, que trabajó junto al equipo de producción complementando el inventario con unidades adicionales para responder a las necesidades específicas del proyecto, una coordinación fundamental en una instalación donde cada etapa del montaje debía ejecutarse con absoluta precisión.

Cuando la tecnología desaparece

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Juanjo es su forma de entender el rol de la iluminación dentro de una producción.

Para él, el objetivo nunca consiste en que el público admire una luminaria. Todo lo contrario: “La tecnología debe desaparecer para que permanezca únicamente la emoción que genera la luz”, afirma con convicción.

Ese principio atravesó todas las decisiones del proyecto: “Si el espectador dejaba de pensar en los proyectores para concentrarse únicamente en la historia que estaba ocurriendo frente a sus ojos, el objetivo estaba cumplido”.

El impacto del espectáculo comenzó a percibirse apenas finalizó la ceremonia.

Las imágenes recorrieron medios de comunicación de todo el mundo y rápidamente empezaron a llegar mensajes de colegas, diseñadores y profesionales de la iluminación que habían seguido la transmisión.

«Nunca fui realmente consciente de la magnitud del proyecto mientras lo estaba haciendo. Empecé a entenderlo cuando comenzaron a escribirme diciéndome lo emocionante que había sido.»

A la repercusión internacional se sumó un contexto difícil de igualar.

En primera fila seguían el espectáculo el Rey de España y el Papa León XIV, mientras una producción televisiva sin precedentes registraba cada detalle mediante más de veinte cámaras y tecnología cinematográfica especial para la ocasión.

Una herramienta que sigue acompañando nuevos desafíos

Para Juanjo, la experiencia dejó una confirmación que trasciende este proyecto en particular. La mejor tecnología no es necesariamente la que más se ve, sino la que permite que una idea cobre vida sin imponerse sobre ella. En la inauguración de la Torre de Jesucristo, las soluciones de Astera acompañaron esa premisa.

El resultado fue una puesta donde la luz no sólo iluminó uno de los espacios más emblemáticos del mundo, sino que se convirtió en parte esencial de la historia que el público fue a presenciar.

No es casual que, al hablar de ese equipo, deje de lado cualquier descripción técnica: «Estoy enamorado del QuickSpot. La calidad de luz que tiene y la cantidad de luz que entrega es bestial».

Como la propia Sagrada Familia, un proyecto que comenzó con la visión de Antoni Gaudí y que continúa construyéndose más de un siglo después, la inauguración de la Torre de Jesucristo fue el resultado del talento y el trabajo de muchas personas.

La creatividad de Igor Cortadellas, el diseño de Juanjo Saunier, el compromiso de todo el equipo técnico y las soluciones de Astera confluyeron para dar forma a un espectáculo irrepetible, donde la luz no sólo iluminó la arquitectura, sino que pasó a formar parte de su historia.

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