Fernando Diaz, una historia de vida y sonido por el mundo.

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Durante más de cuatro décadas, Fernando Díaz ha transformado su pasión por el sonido en una obra maestra que resuena en escenarios de todo el mundo. En esta charla íntima, revela los secretos detrás de su éxito, los desafíos que superó y las experiencias que lo llevaron a convertirse en una leyenda del audio profesional.

En la apacible ciudad de Palencia, España, la pasión por el sonido despertó temprano en la vida de Fernando Díaz Martínez. Desde sus primeros años, el murmullo de una radio de válvulas encendió en él una fascinación que no dejaría de crecer con el tiempo.

Lo que empezó como una curiosidad infantil se transformó en una carrera apasionada, llena de experimentación, creatividad y dedicación.

Esta es la historia de cómo un joven español, fanático del Real Madrid, pasó de escuchar los matices del sonido en su hogar a convertirse en una figura destacada en el mundo del audio profesional.

Fernando Díaz Martínez, nacido el 26 de julio de 1961 en una tranquila ciudad de la comunidad autónoma de Castilla y León, recuerda su infancia con gran claridad y reconoce cómo influyó en su futuro profesional. Desde pequeño, su pasión por la electrónica y el sonido comenzó a tomar forma de manera natural. «Recuerdo en casa de mi abuelo, donde viví varios años, que tenía una radio Philips de válvulas y me apasionaba acercar el oído y sentir los graves, el ‘grosor’ de las voces de los locutores», cuenta Fernando, evocando la fascinación que sentía por ese aparato.

Sin embargo, su interés por los equipos de sonido no se detuvo ahí. Ahorró todo lo que pudo para adquirir su primer kit de construcción de un receptor de radio, y aún  recuerda esa experiencia: “La emoción que sentí al ponerle la pila y ver que funcionaba fue indescriptible”.

Más adelante, ya en el colegio, comenzó a experimentar con el equipo de voces. Gracias a su curiosidad y a cambio de cuidarlo y ayudar en los eventos de la escuela, podía usarlo los fines de semana para sus propios experimentos.

La atracción por este mundo fue tal que, junto a unos amigos, montó una banda de música con el objetivo de aprender a mezclar. Incluso llegó a fabricar sus propios equipos. «Fabriqué unas cajas enormes y horribles, pero que nos permitían hacer conciertos de aficionados», menciona entre risas, recordando esos primeros pasos autodidactas en el mundo del sonido.

A los 17 años, mientras trabajaba y estudiaba, pudo adquirir su primer sistema más profesional: un equipo AEQ, una consola HH y algunos micrófonos, con los que empezó a “foguearse” hacia finales de los 70. Y así, con mezcla de pasión, curiosidad y creatividad, Fernando comenzaba a labrar el camino que lo llevaría a convertirse en un referente dentro de esta atrapante industria.

FAMILIA

A medida que su carrera se consolidaba, Fernando Díaz Martínez enfrentó uno de los desafíos más profundos de su vida profesional: el balance entre su familia y el trabajo en giras. Si bien su pasión por el audio y la música lo llevó a recorrer el mundo, también lo separaba de su hogar, un sacrificio que no habría sido posible sin el apoyo incondicional de su esposa e hija. “Sólo tengo palabras de agradecimiento por su amor, paciencia, apoyo y comprensión para soportar períodos de separación larguísimos, algunos superando los tres meses fuera del hogar”, comparte Fernando, reflejando tanto gratitud como admiración.

Los tiempos eran diferentes cuando empezó en esta profesión, y las largas ausencias se hacían aún más pesadas debido a las limitaciones tecnológicas de la época. «Es muy duro, y más en aquellas épocas en las que internet era muy rudimentario. No existían apps como Skype, Facetime o Whatsapp, así que todo el contacto se reducía, con suerte, a disponer de apenas unas palabras por teléfono semanalmente», explica recordando cómo la distancia parecía interminable. La vida en las giras era intensa, y manejar el equilibrio entre su pasión por la música y la responsabilidad familiar no fue fácil.

A pesar de todo, Fernando siempre ha sentido el apoyo inquebrantable de su familia, quienes no solo comprendían la naturaleza de su trabajo, sino que lo acompañaban de manera silenciosa y constante. «No sería capaz de encontrar un adjetivo que definiese mi gratitud para ambas», confiesa, y ese papel crucial que su esposa e hija jugaron en su éxito hizo que  aunque la distancia física a veces era inevitable, el lazo emocional permaneciera inquebrantable.

RAICES

Las raíces españolas de Fernando Díaz Martínez han sido una influencia fundamental en su carrera, y su pasión por la música de calidad ha sido el hilo conductor de su vida profesional. Aunque no tiene una preferencia clara por un estilo en particular, Fernando creció escuchando lo mejor de la música nacional, especialmente durante los años 80, en plena «movida madrileña». “Siempre fui un fan de la música de calidad», dice, mencionando a bandas españolas icónicas como Pegasus, Triana, Guadalquivir y Alameda, que definieron una época y marcaron profundamente su amor por el rock y la fusión.

Aunque también encontró sonidos favoritos en la música internacional, especialmente en el rock sinfónico y el jazz fusión. Nombres legendarios como Genesis, Yes, Supertramp, Queen y Pink Floyd se convirtieron en una influencia crucial: “El rock sinfónico, junto con las primeras bandas de pop de nivel como Level 42 o Mezzoforte, siempre me fascinó”, menciona Fernando, y agrega que también fue cautivado por el jazz fusión norteamericano de bandas como Steely Dan, Donald Fagen y Weather Report, así como por la música clásica, el jazz latino y la fusión brasileña. «El punto en común creo que se basa en la calidad de sus grabaciones, que a día de hoy todavía son un referente para mí, especialmente cuando comparo la pureza de las grabaciones analógicas con la tecnología digital actual”.

En una época en la que la tecnología y el acceso a la información no estaban al alcance de un clic, Fernando Díaz Martínez tuvo que forjar su camino en la industria del sonido a través de la perseverancia y la dedicación. Para mantenerse al día en un campo tan cambiante como el del sonido profesional, recurrió a una metodología experimental. “Fue a base de mucha práctica, mucha prueba-error, mucho experimentar, mucho improvisar, muchas horas sin dormir en la aventura de aprender por mí mismo. El acceso a recursos era limitado, así que buscaba publicaciones especializadas en el Reino Unido, Francia, Alemania y otros países cercanos, para ampliar conocimientos. Lo que observaba y experimentaba día a día, lo complementaba con cualquier material que pudiera encontrar”.

Aunque Fernando se describe a sí mismo como un autodidacta, reconoce el valor de la educación: “Cualquier formación es fundamental, ya que ayuda a la comprensión de textos, a la interpretación de los programas informáticos (sobre todo en la última década) y a tener fluidez en las formulaciones. Lamentablemente, en mi época no existía una carrera de ingeniería como hoy se ofrece», señala.

Desde los 17 años, ya trabajaba como profesional del sonido, lo que hacía casi imposible dedicar tiempo a una formación formal. “Era complicadísimo compaginar ambas actividades”, admite.

Aunque no pudo cursar una carrera formal en ingeniería de sonido, Fernando considera que los años en los que estuvo inmerso en el trabajo intensivo fueron cruciales para su desarrollo profesional. «Realmente no sabría decirte si haber hecho la carrera entonces me hubiera aportado mejora en mi progresión, pienso que no porque esos años fueron los más intensos a nivel profesional que recuerdo», declara, y añade: “La experiencia acumulada durante ese tiempo, trabajando en más de 200-250 shows al año, me permitió adquirir un conocimiento profundo y práctico del campo, algo que, en mi caso, resultó ser más valioso que cualquier formación académica”.

Fernando detalla un hito fundamental en su camino: “Mi emigración (muy loca) a Madrid, y cada una de las decisiones que he tomado, que por fortuna la gran mayoría han sido a mi juicio bastante acertadas”. Sin duda la capacidad de adaptarse a las circunstancias cambiantes jugó un papel esencial en su trayectoria, consolidándolo como uno de los profesionales más destacados en su campo.

COMIENZOS

Los inicios de Fernando Díaz Martínez en la industria del audio fueron tan audaces como inesperados. Tras adquirir su primer equipo con un esfuerzo considerable, se embarcó en una aventura que cambiaría su vida. «Cuando adquiero ese primer equipito, me desplazo desde Valladolid a Madrid en el año 1979», rememora Fernando, y cuenta: “Fue en Madrid donde, gracias a un contacto de un compañero, tuve la oportunidad de hablar con Oscar Astruga, batería de la banda Suburbano, conocida por su trabajo con artistas de renombre como Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute. La misma noche de llegar a la capital de España me ofrecieron hacer el sonido de su concierto del día siguiente, y a pesar de mi inexperiencia, acepté el desafío con una ilusión desbordante”. Y resultó un éxito, y no pasó mucho tiempo antes de que lo contrataran de manera fija.

Su talento no pasó desapercibido. La primera gran empresa de audio en España, Ptolomeo, y más tarde Berenice, notaron su potencial: «Me contrataron como ingeniero de audio por más de 12 años«, comparte Fernando, y destaca que la demanda de técnicos de sonido superaba a la oferta: “Me vi inmerso en una vorágine de trabajo, alternando entre 8 y 10 diferentes artistas al mes y enfrentando jornadas de trabajo que a veces incluían hasta tres eventos en un solo día”.

A finales de los 80, Fernando recibió una llamada que marcaría un gran punto de inflexión. Ana Belén y Víctor Manuel, dos de los artistas más famosos de España, le ofrecieron la oportunidad de girar por América y Europa. Este período le permitió trabajar con grandes nombres como Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Miguel Bosé y Joan Manuel Serrat, ampliando su experiencia y visibilidad en el escenario internacional.

En 1995, Díaz Martínez fundó SONNANDO, marcando un nuevo capítulo en su carrera. Con el deseo de expandir sus horizontes, decidió convertirse en freelance en 1991 y establecer su propia empresa, donde ofrece una gama de servicios que abarca tres áreas principales: asesoría y diseño, grabación y mezcla en vivo y en estudio, y, lo más solicitado, ingeniería de mezcla en vivo.

El siguiente gran hito llegó con una llamada de Julio Iglesias. «Mi salto al mercado mundial se consolidó con la larguísima gira Tango Tour, que me llevó a recorrer los cinco continentes», revela Fernando.

Esta experiencia le permitió formar parte de un selecto grupo de ingenieros de audio de todo el mundo y ampliar notablemente su conocimiento y habilidades. “Luego de eso llegó Alejandro Sanz, con el cual ya vamos para 25 años de ruta juntos”.

Como ingeniero de FOH para Alejandro Sanz, Fernando ha tenido la oportunidad de perfeccionar su técnica en el contexto de grandes producciones. “Todas son diferentes y podría decir mil cosas de cada una de ellos porque soy de los que piensa que se aprende de TODO y TODOS, tanto de lo bueno como de lo que no lo es”, reflexiona Fernando.

Y destaca especialmente su trabajo en festivales de jazz, como los de Vitoria y San Sebastián, que considera momentos clave en su carrera. “Para mí, prácticamente todos los géneros actuales proceden de las raíces del Jazz”, comenta, subrayando cómo estos eventos le han permitido trabajar con leyendas como Al Jarreau, Miles Davis, Jaco Pastorius y muchos otros. “He tenido el privilegio de mezclar a artistas y bandas de la talla de Oscar Peterson, Sonny Rollins, Ron Carter, Weather Report, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Paco de Lucía, Herbie Hancock, Steve Winwood, Bobby McFerrin, Richard Bona, Chick Corea, BB King, Dr. John, enumera Fernando con orgullo.

Cada uno de estos encuentros ha enriquecido su formación: “Gran parte de mis técnicas y gustos proceden de la inmensa calidad musical de ellos, donde he aprendido a escuchar y respetar sus instrumentos para aplicarlo en todas mis producciones”, confiesa.

Trabajar con Alejandro Sanz durante casi 25 años ha sido, para Fernando Díaz Martínez, tanto un honor como un privilegio. «No sólo porque musicalmente es apasionante y su innumerable colección de premios Grammy así lo corroboran», afirma Fernando, «sino porque además es un artista que se preocupa de manera exquisita por la calidad de sus músicos, la paridad (actualmente hay 5 chicas y 5 chicos en la banda) y la perfección en el sonido. La exigencia es alta pero tengo la mayor de las libertados para desarrollar mi profesión”.

ACTUALIDAD

La filosofía de «menos es más» es un principio fundamental en él, esta máxima es tanto un lema como una guía de trabajo en el mundo del sonido. «La expresión se define por sí misma, y es mi base desde que comencé a transitar este maravilloso mundo”.

Y lo tiene en mente cuando observa a jóvenes mezcladores que, al tratar de perfeccionar el balance inicial, tienden a sobrecargar la mezcla. «Suben un instrumento que quizás sí necesite ese pequeño empuje, pero al momento sienten que se descompensa esa primera buena mezcla y suben otros elementos, llegando a un punto de barullo y descontrol difícil de solucionar» analiza.

Fernando prefiere que las mezclas tengan aire, «headroom”, que a veces, para que un instrumento destaque, es mejor reducir o acomodar el resto, dándole su espacio natural. «A mí me gusta que las mezclas dispongan de dinámica natural», indica Fernando. «Obviamente existen muchas técnicas actuales, especialmente los plugins digitales como compresores, que para mí destruyen más que ayudan ya que alteran el sonido real que el músico te proporciona. La clave está en el uso delicado de estas herramientas, evitando el abuso que puede deteriorar la autenticidad del sonido original”.

Como en toda industria, hay un párrafo aparte para las relaciones humanas. «Que se preocupen como yo de todo el proceso es lo que espero de un equipo, que hagan suyo el proyecto sea cual sea su responsabilidad en el show. Si hay algo que más me preocupe en mis producciones es la configuración del staff, muy por encima del equipamiento», asegura Fernando, a la vez que advierte: “Es importante que el equipo comprenda que está representando a un artista o evento, y que su desempeño deja una impronta significativa. Un solo miembro del equipo con habilidades sociales complicadas o conflictivas puede afectar negativamente al conjunto”.

Pero también hay espacio para la reflexión personal: “Las cualidades necesarias para un ingeniero de sonido a cargo del FOH son sin duda paciencia, educación, honestidad y amor por la profesión. La parte técnica cada vez me doy cuenta que está por detrás de la humana». Esta perspectiva sin duda refleja su creencia en que el éxito en el mundo del sonido no son solo habilidades técnicas, sino también la capacidad de trabajar armoniosamente con otros.

DIA A DIA

Cuando Fernando Díaz aborda el diseño de sonido, su principal preocupación es garantizar una calidad homogénea en todo el recinto. «La distribución del sonido es fundamental,  para los que están en primera fila o al último más lejano en las gradas» explica Fernando. Y en cuanto a los equipos y marcas imprescindibles en su rider técnico, mantiene una actitud flexible. «Creo que no hay equipo malo sino técnicos inexpertos (sin ánimo de ofender a nadie)» resalta con una sonrisa.

Sin embargo, menciona algunos productos que considera esenciales. «Por decir algún aparato, me encanta el Avalon 747 que lo utilizo insertado en el master general, o la TC 6000 que todavía no he encontrado efecto de reverberación más sutil que ella”. También destaca su preferencia por las consolas Digico. «Fui pionero y casi ‘conejillo de laboratorio’ y a día de hoy para mí son imprescindibles» revela.

Su elección de equipos refleja su búsqueda constante de herramientas que le permitan ofrecer el mejor sonido posible, mientras mantiene una mentalidad abierta hacia nuevas tecnologías y métodos. Fernando aborda la integración de equipos análogos y digitales con una perspectiva equilibrada. «Por supuesto, de hecho no me gusta que todo mi entorno sea digital… Lo análogo es lo real, lo que respiras, lo que ves y oyes, y lo digital es una aproximación increíble de este mundo, pero es eso, una aproximación muy precisa».

Para Fernando, no hay nada como la adrenalina del sonido en vivo: “Vivo siempre, o como mucho, mezclas de conciertos en vivo en estudio. Disfruto mucho de la adrenalina y la inmediatez de un show en vivo» confiesa.

Pero sus convicciones sobre la mezcla no dejan lugar a la improvisación. Enfatiza la importancia de destacar el instrumento principal: «Hago que prevalezca el instrumento principal y es en lo que concentro toda la energía para realzarlo. Normalmente es la voz, por lo que es el que manda y con el que hay que comenzar la construcción y después el resto de los muebles de la casa».

Y aunque mezclar resulta a veces en una lenta tarea, trata de hacerlo con un enfoque minimalista: “ Pienso que cuanta más pura es la mezcla, más auténtica es, así que ‘perfumo’ lo justo con 3-4 tipos de reverberación tipo hall con diferentes tiempos para voces, coros, metales, guitarras y percusiones». Y amplía con seguridad: «Cualquiera que me haya visto mezclar coincidirá en que apenas toco el EQ. Trato de filtrar con pasa-altos toda la suciedad que los micrófonos pueden recoger y que no interesa, por ejemplo, por debajo de los 100Hz pocas cosas lo generan excepto un bombo, bajo o teclado… y para los brillos la misma técnica: por ejemplo, un chaston suena mejor filtrado a 500-600 Hz que haciendo boost en la zona alta, que es generar más suciedad»

La combinación de un enfoque conservador en efectos y ecualización con una atención meticulosa a la autenticidad del sonido refuerza su compromiso con la calidad en cada presentación.

LA INDUSTRIA

La tendencia actual de separar el trabajo entre un técnico de PA y un técnico de mezcla se ha vuelto cada vez más común, especialmente en grandes tours con audiencias de estadios o arenas.

«Un técnico de sistemas es una ayuda increíble», confirma Fernando.

Señala que en estos escenarios, se requiere una meticulosa distribución y control de numerosos clusters y fuentes de sonido, que no solo implica realizar mediciones precisas, sino también interpretar y aplicar los datos de manera que se adapten al espectáculo, “y si además tienes la suerte de contar con un técnico que conozca tu forma de mezclar, tus gustos y ‘manías’, la resultante es estupenda, cuatro oídos son mejores que dos”.

Fernando sostiene con firmeza que el nivel técnico de los hispanohablantes en la industria del audio es sobresaliente, “Lo llevo predicando hace años. Creo firmemente que somos los mejores del mundo por nuestra forma de ser, nuestra capacidad de improvisación y la necesidad de llevar a buen puerto los shows”. Aunque reconoce el rigor de los estándares sajones, opina que, “nosotros venimos de otra escuela en la que siempre se ha peleado por sacar los trabajos como sea”.

Pero Fernando es un profesional de mundo, y ha encontrado inspiración en la industria norteamericana, admirando su madurez y profesionalización. “Ellos llevan más tiempo que nosotros, más profesionalizados e incluso sindicados. La protección del trabajador allí es una máxima a nivel de seguridad, salarios, coberturas, etc. Aunque eso no indica que suenen mejor, están claramente mejor organizados que nosotros”.

Pero si hay algo que hoy en día se globaliza son los avances en la industria del audio, y Fernando no es ajeno a los cambios, «Todo cambió y mucho, de hecho los que procedíamos del mundo analógico tuvimos que reconvertirnos y adaptarnos al nuevo mundo.  Algunos se quedaron en el camino, pero los que seguimos adelante somos responsables de mantener viva aquella tecnología, la cual sigue siendo crucial para entender y enseñar el audio moderno. Además, me sorprende enormemente la tecnología de «beam steering,» como la desarrollada por el fabricante alemán Fohhn. Esta tecnología está llevando el sonido a otra dimensión, mejorando cada aspecto de los sistemas line array actuales, que en mi opinión ya han tocado techo. Es comparable o superior al cambio que experimentamos al pasar de los equipos trapezoidales convencionales a la tecnología en línea hace muchos años”.

Sabe bien que todo evoluciona, pero no se arriesga a aventurar una premonición sobre el futuro de las tecnologías: “A medida que avanza mi carrera, siento que aunque he tenido el privilegio de dedicarme a lo que más me gusta, el futuro de la industria del audio profesional presenta grandes interrogantes. No sé si por suerte o desgracia, yo ya tengo 63 años, y aunque de salud y forma me veo bien, y creo que todavía conservo bien mis oídos, quizás disponga de algunos años más de profesión, pero no sabría decirte a día de hoy a dónde va esto», reflexiona.

La industria está en constante transformación, y uno de los cambios más evidentes es la creciente preocupación por el impacto ambiental y acústico.

«Observo que cada vez se están limitando más las presiones sonoras, vamos hacia una cultura más ‘verde’, menos contaminante incluso en lo acústico», señala, y agrega: “Las nuevas generaciones de profesionales deberán adaptarse a esta tendencia, buscando técnicas y procedimientos que se alineen con una visión más sostenible del sonido. A su vez, el ritmo vertiginoso al que avanza la tecnología y la demanda por experiencias sensoriales completas sugiere un futuro lleno de espectáculos inmersivos, como lo que se está viendo con la innovadora Sphere de Las Vegas. Se tenderá a espectáculos más sofisticados en los que se atiendan a más sentidos”.

FUTURO

En un cambio inesperado de ritmo, el experimentado sonidista está disfrutando de un período de descanso prolongado: «Por primera vez en mi vida puedo descansar un periodo mayor que lo habitual. Llevo girando y haciendo shows desde hace casi 45 años de manera casi ininterrumpida así que una paradita me va a venir genial»

La última gira con Alejandro Sanz, que se extendió debido a la pandemia, se alargó casi cuatro años, un desafío que llevó al profesional a declinar una atractiva oferta de Luis Miguel.

«Este último tour de Alejandro Sanz, y debido a la maldita pandemia que tanto daño hizo en nuestra profesión, se convirtió en dos seguidos por lo que se alargó en casi cuatro años… Tanto es así que recibí una muy tentadora oferta del artista Mexicano Luis Miguel y lamentablemente entre compromisos y cansancio acumulado finalmente decidí no hacerlo.»

Sin embargo, el futuro está lleno de nuevos proyectos. En breve, comenzará a trabajar en el diseño del nuevo tour mundial de Sanz y también está contemplando regresar al ámbito didáctico, compartiendo su experiencia con las nuevas generaciones. «Tuve una experiencia hace años y fue muy positiva. He comprobado que la gente agradece mucho este tipo de iniciativas».

Con un mensaje de aliento para los jóvenes en la industria, Fernando concluye: «Desde aquí animo a toda las nuevas generaciones a que se tomen muy en serio este trabajo, que a pesar de ser cansado, sacrificado y a veces ingrato, te reporta muchas satisfacciones y estimula tu capacidad artística ofreciéndote un estilo de vida lleno de sensaciones”.

Se despide de esta increíble charla con un “sonoro” abrazo, reflejo de una profesión que lleva en la sangre y que ha definido cada uno de los años de su carrera.

Su personalidad risueña y tenaz es un verdadero sello español, y deja en claro que el arte del sonido no es solo su trabajo, sino una pasión profundamente arraigada.

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