GLP. Pasión, intuición y una forma diferente de entender la luz

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En GLP, muchas de las decisiones que terminaron marcando su historia comenzaron de una manera bastante poco corporativa: con una intuición, una conversación o simplemente con las ganas de probar algo que todavía no existía. Esa forma de entender la innovación acompaña a la compañía alemana desde sus primeros pasos y explica, en buena medida, cómo llegó a construir una identidad propia dentro de la iluminación profesional.

Detrás de esa historia está Udo Künzler, fundador y CEO de GLP, cuya relación con la luz empezó mucho antes de imaginar que algún día estaría al frente de una compañía internacional. Todavía estaba en la escuela cuando comenzó a ayudar a su tío, primero DJ móvil, luego propietario de un club y también fabricante de luminarias. Lo que empezó casi como una aventura familiar terminó convirtiéndose en una vida entera dedicada a esta industria.

“Entré en este mundo por mi tío. Él ya trabajaba como DJ, después abrió su propio club y tenía una compañía que fabricaba luces. Yo lo ayudaba en mi tiempo libre”, recuerda Udo.

A partir de ahí comenzó un recorrido que, décadas después, sigue conservando algo de aquella curiosidad inicial: mirar una herramienta, imaginar que podría hacerse de otra manera y animarse a intentarlo.

GLP fue fundada en 1994 en Alemania y, desde el comienzo, la intención fue buscar algo diferente. La propia historia de la compañía sitúa al Patend Light en el origen de esa inquietud: un concepto que pretendía combinar elementos de los scanners, ya establecidos en el mercado de las discotecas, con las posibilidades de los todavía incipientes moving lights. El desarrollo resultó más complejo de lo previsto y, mientras avanzaba, Udo y su tío Hartmut Braun desarrollaron el Startec 2000, un scanner que ayudó a sostener aquella joven compañía. El Patend Light finalmente llegó al mercado en 1996.

Más de 30 años después, aquella necesidad de encontrar una solución que todavía no existe continúa apareciendo cuando Udo intenta definir el ADN de GLP.

“Tenemos muchas buenas ideas y hablamos con la gente de la industria para preguntarles qué piensan, si estamos yendo en la dirección correcta y qué ideas tienen ellos”, explica. “Escuchamos al mercado, escuchamos a los diseñadores de iluminación y conocemos sus necesidades. Pero la clave siempre es encontrar esa tecnología especial que nos permita hacer algo que nadie más hace”.

No habla de innovación como una palabra corporativa. Habla de ella casi como un instinto.

Y esa diferencia atraviesa buena parte de la historia de GLP.

Cuando una buena idea también sabe escuchar

Uno de los grandes puntos de inflexión llegó con impression 90. Hasta entonces, GLP ya fabricaba scanners y moving heads, pero Udo reconoce que la compañía todavía no ocupaba el lugar que buscaba dentro del segmento profesional. La llegada de aquel LED moving head cambió la escala.

“Con impression 90 pusimos realmente uno de los primeros moving heads LED profesionales en el mercado”, recuerda.

Pero detrás del desarrollo vuelve a aparecer algo que se repite constantemente en la historia de GLP: una conversación.

Un amigo y cliente de muchos años insistía en una idea muy concreta: si GLP desarrollaba un nuevo moving head, debía ser baseless. La tecnología LED abrió finalmente la posibilidad de hacerlo, trasladando la electrónica a los brazos del equipo y eliminando la voluminosa base tradicional.

No era únicamente una decisión técnica. También era estética.

“Cuando está arriba en el rig quizá no importe tanto”, explica Udo. “Pero a veces está en el piso, detrás de las personas, y ahí sí importa”.

El concepto se convirtió en una de las señas visuales de GLP y continúa formando parte de su lenguaje de diseño. Pero más interesante que el resultado es entender el proceso que existe detrás: la compañía propone, prueba, escucha y, cuando es necesario, vuelve a empezar.

El X4 Bar ofrece probablemente uno de los mejores ejemplos.

El mercado pedía un nuevo strip light y GLP respondió inicialmente con un concepto motorizado capaz de rotar 360 grados. El prototipo llegó a manos de diseñadores de iluminación y la respuesta fue tan útil como contundente: la idea era interesante, pero la rotación no era realmente lo que necesitaban.

Querían otra cosa: poder colocar los equipos uno junto a otro y construir líneas continuas.

“Entonces volvimos a ingeniería y dijimos: tenemos que hacerlo de manera que se puedan unir uno al lado del otro. Cambiamos nuevamente todo el producto y después se convirtió en un éxito”, recuerda Udo.

Ese intercambio revela mucho de cómo trabaja la compañía. GLP no entiende la escucha como una instancia posterior al lanzamiento. En muchos casos, el diseñador forma parte indirectamente del desarrollo.

Pero existe otro componente: el riesgo. “No trabajamos sobre business cases o planillas de Excel para calcular qué puede pasar con un producto y cuáles serán los números”, reconoce Udo. “Simplemente tenemos esa sensación de que puede ser una muy buena idea, y entonces lo hacemos”.

Después de tres décadas, admite, la experiencia ayuda a distinguir qué intuiciones tienen posibilidades reales de convertirse en algo importante.

La evolución actual de GLP demuestra que esa filosofía sigue activa. El portfolio de la compañía combina familias consolidadas como impression X5 y JDC con desarrollos más recientes como JDC Burst 1, Creos, Nexus, WildWash 12, X5 Dot Wash y TWYN. Este último lleva esa lógica de combinación un paso más allá al reunir un wash RGBL y un hybrid strobe inspirado en JDC Burst 1 dentro de un único moving head de doble cara.

Las tecnologías cambian. La pregunta inicial parece seguir siendo la misma: ¿qué herramienta puede darle al diseñador una posibilidad que antes no tenía?

De Alemania al mundo, sin perder la cercanía

La historia de GLP también es la de una compañía que tuvo que aprender a trasladar esa identidad más allá de Alemania.

Mark Ravenhill conoce particularmente bien ese proceso. Director de la compañía y responsable durante años del desarrollo comercial y de marketing de GLP en Estados Unidos, su propia llegada al mundo del espectáculo tampoco comenzó en una oficina.

“Empecé en el teatro amateur cuando estaba en la escuela”, recuerda. La compañía teatral local estaba preparando Grease y necesitaba jóvenes para interpretar al grupo que acompañaba al personaje de John Travolta. “Desde ahí el camino fue largo y sinuoso”, bromea. “Definitivamente me alejé bastante de convertirme en estrella de cine. John Travolta puede quedarse con eso”.

Detrás del humor aparece nuevamente una característica compartida: tanto Udo como Mark llegaron a la industria desde la experiencia, mucho antes de ocupar posiciones ejecutivas.

Cuando GLP USA comenzó a operar en 2009, el desafío inicial fue mucho más profundo que vender luminarias. Había que construir confianza.

“Al principio, el reto era lograr que la gente de Norteamérica confiara en que GLP, como marca, iba a estar allí, que se iba a quedar y que continuaría dando soporte a sus productos”, explica Ravenhill.

Algunos clientes estadounidenses habían visto anteriormente a fabricantes europeos desembarcar en el mercado, descubrir que construir una operación local requería tiempo, dinero y compromiso y, finalmente, regresar a Europa. Quienes habían comprado esos productos quedaban entonces con una pregunta difícil: ¿quién los iba a respaldar?

GLP tenía que demostrar que su apuesta era diferente.

“Tenés que estar realmente allí durante años. Tenés que comprometerte, invertir dinero y tiempo”, sostiene Mark. La confianza llegó precisamente así: con permanencia, soporte y conocimiento del mercado. “Desde entonces hemos ido de fortaleza en fortaleza”.

Hoy la estructura internacional de GLP se extiende mucho más allá de su origen alemán, pero Ravenhill considera que crecer no significa simplemente ocupar más territorios.

También cambió la velocidad con la que esos mercados se conectan entre sí. Para Mark, Internet y plataformas como YouTube o TikTok hicieron que el mundo se volviera, en cierto sentido, más pequeño: una producción, una tendencia o una nueva herramienta pueden atravesar fronteras prácticamente de inmediato.

“Hoy podemos compartir información muchísimo más rápido”, señala.

Para GLP, adaptarse a esa nueva escala implica llegar a más mercados, pero también aprender a moverse dentro de una industria donde las referencias visuales y tecnológicas circulan a una velocidad completamente diferente a la de hace tres décadas.

Hay tres prioridades que aparecen constantemente en la mirada de Ravenhill: continuar innovando, ampliar la presencia global y preservar el servicio.

“Tenemos que seguir desarrollando grandes ideas y productos que la gente disfrute utilizar. Eso nunca va a dejar de ser una prioridad”, afirma. “Y tenemos que seguir ofreciendo un servicio fantástico al cliente”.

Para Mark, comprender el negocio de quienes utilizan los productos es parte de ese servicio. Un diseñador, una rental company, un programador o un production designer no enfrentan los mismos problemas, y la capacidad de GLP para seguir siendo relevante dependerá, según él, de entender cada una de esas perspectivas.

Y esa capacidad de respuesta no se limita al producto.

Ravenhill plantea la escucha como una herramienta capaz de modificar incluso la manera en que funciona la propia compañía. Entender lo que ocurre en un mercado puede significar aumentar o reducir inventarios en determinados almacenes, incorporar más personas, reforzar estructuras locales o activar nuevos programas de capacitación.

Es decir, el mercado no solamente influye sobre aquello que GLP desarrolla: también puede transformar la manera en que la compañía se prepara para acompañarlo.

“Entender exactamente qué nos está pidiendo el mercado y responder a eso es probablemente uno de los puntos clave para asegurarnos de seguir siendo relevantes”, resume.

Escuchar primero.

“Si podemos entender la posición del diseñador de iluminación y los desafíos que tiene, la posición de una rental company, de un diseñador de producción, de un programador y de todas las personas con las que estamos en contacto regularmente, entonces podemos responder a eso”.

Es una idea curiosamente parecida a la que Udo utiliza para explicar cómo nace una luminaria.

Quizás ahí esté una de las claves de GLP: producto y compañía parecen desarrollarse utilizando una lógica similar.

La herramienta evoluciona, el diseñador también

Cuando la conversación se mueve hacia el futuro, Udo evita la tentación de presentar la tecnología como protagonista absoluta.

En veinte años, reconoce, las posibilidades de la iluminación profesional cambiaron radicalmente. Los diseñadores tienen hoy herramientas que sencillamente no existían cuando GLP comenzó. Y eso permitió construir espectáculos de una escala y complejidad visual difíciles de imaginar entonces.

“Vemos shows mucho más grandes que en el pasado”, señala. “A veces incluso puede llegar a ser demasiado. Más y más y más tampoco siempre es bueno. A veces menos también funciona”.

La observación es significativa viniendo de alguien cuyo negocio consiste precisamente en desarrollar nuevas herramientas. Porque para Udo, la evolución no está únicamente dentro de la luminaria. También está en quien la utiliza.

“Podemos fabricar las mejores herramientas, pero si nadie sabe cómo utilizarlas, el resultado no va a ser bueno”.

La tecnología amplía el vocabulario; el diseñador sigue siendo quien construye el lenguaje. Y en esa evolución, el hardware ya no cuenta toda la historia.

Udo introduce al software como una extensión cada vez más importante de la herramienta física. Una luminaria puede estar terminada desde el punto de vista mecánico y electrónico, pero lo que ocurre después —cómo se controla, cómo se accede a sus funciones y qué tan sencillo resulta convertirlas en recursos creativos— puede transformar por completo la experiencia de utilizarla.

“El producto a veces ya está terminado, pero después llega el software para utilizarlo y eso se convierte en algo muy importante”, explica.

Para Udo, acumular posibilidades no alcanza. También hay que hacerlas accesibles.

“Hay que conseguir que el producto sea fácil de utilizar y que permita crear un buen show”.

Es otra manera de entender la innovación. No basta con desarrollar una luminaria capaz de hacer más; la verdadera evolución aparece cuando toda esa ingeniería puede desaparecer detrás de la creatividad de quien la opera.

El presente de GLP refleja esa búsqueda. Sus nuevas generaciones de producto se mueven entre touring, teatro, broadcast, instalaciones y grandes producciones, mientras la compañía continúa desarrollando herramientas alrededor de la calidad de luz, la consistencia, el servicio y la flexibilidad operativa.

Un desarrollo compacto como X5 Dot Wash lleva la tecnología cromática de la familia X5 a un formato pensado para posiciones discretas en teatro, televisión y arquitectura; mientras TWYN plantea prácticamente el camino inverso: concentrar dos lenguajes visuales diferentes dentro de una única herramienta.

Escalas diferentes. La misma pregunta creativa.

Una compañía global que todavía quiere acercarse más

Dentro de ese mapa internacional, Latinoamérica ocupa un lugar que Ravenhill observa con interés y también con realismo.

GLP tiene presencia en la región, aunque Mark reconoce que todavía no alcanza la dimensión que la compañía quisiera. Y sabe que desarrollarla exige entender algo fundamental: Latinoamérica no es un único mercado.

“A veces se subestima incluso la dimensión geográfica de Sudamérica”, señala, destacando también las diferencias entre países, culturas y situaciones económicas. “Queremos avanzar en ese mercado y ser relevantes. Y nuevamente todo vuelve a escuchar a las personas, entender los desafíos que enfrentan regionalmente y responder de la mejor manera posible”.

Los escenarios, sin embargo, ya muestran parte de esa conexión.

La presencia de GLP en producciones que atraviesan Latinoamérica lleva años construyéndose y encuentra ejemplos tanto en artistas internacionales como en algunos de los espectáculos que hoy movilizan a las audiencias de la región. Diseñadores como Cosmo Wilson han trabajado durante años con herramientas de la marca en giras de AC/DC y Aerosmith, incluyendo producciones que llegaron a Sudamérica. En el Power Up Tour de AC/DC, por ejemplo, 168 impression X5 IP Maxx se integraron a una propuesta que recuperó parte del lenguaje visual histórico de la banda utilizando tecnología contemporánea.

Más recientemente, luminarias GLP también encontraron un lugar dentro del universo visual de Bad Bunny, acercando nuevamente la tecnología desarrollada por la compañía a una producción conectada directamente con el público latino.

Pero cuando Mark habla de la región, hay algo que rápidamente desplaza a cualquier análisis comercial: el público.

“La pasión de las audiencias latinoamericanas… eso no se puede quitar”, afirma.

Desde Estados Unidos ha visto crecer las giras de artistas latinos que ya no llegan únicamente para una presentación puntual en Miami, sino que recorren numerosas ciudades con fechas agotadas y una relación particularmente intensa con sus seguidores.

“Siempre están sold out y son increíblemente apasionados y emocionales con sus artistas. Es increíble verlo”.

Y entonces abandona por completo el discurso ejecutivo y sonríe: “The best audience in the world”.

Después de hablar de productos, mercados, diseñadores, tecnología y expansión global, la conversación termina regresando exactamente al lugar donde comenzó.

A las personas.

Cuando le preguntamos a Udo qué le diría a un joven que sueña con entrar en esta industria, la respuesta deja por un momento de venir del fundador de una compañía internacional y parece volver al chico que ayudaba a su tío mientras todavía iba a la escuela.

“Es simplemente un negocio increíble. No puedo imaginar otro trabajo en el mundo que pudiera haber sido mejor para mí”.

Y entonces habla de sus dos hijos gemelos.

Ambos estudiaron electrónica, completaron su formación y ya trabajan parcialmente dentro de GLP. Udo reconoce, con evidente orgullo, que tecnológicamente saben mucho más que él.

Pero hay algo que le importa todavía más: “Ellos aman las luces”. La historia parece cerrar un círculo.

Décadas atrás fue un tío quien abrió para Udo la puerta hacia un universo desconocido. Hoy es él quien observa a una nueva generación entrar en ese mismo mundo.

Cuenta también la historia del hijo de un amigo que comenzó a formarse técnicamente y a trabajar en un teatro. Lo invitó a recorrer Prolight + Sound y se quedó mirando su expresión mientras descubría aquella industria desde adentro.

“Cuando ves la cara de los jóvenes caminando por una feria así, podés ver que son felices”, dice.

Su consejo no tiene fórmulas empresariales ni grandes declaraciones sobre liderazgo. “Este negocio es muy especial. Tenés que probarlo. Tenés que entrar”.

Mark escucha y encuentra una sola palabra para resumirlo.

“Passion.”

Udo repite:

“Passion.”

Y durante unos segundos ya no hablan de luminarias, ventas, mercados ni tecnología.

Passion. Passion. Passion.

Quizás sea difícil encontrar una definición más sencilla para una compañía que nació de una idea, creció confiando muchas veces en la intuición y continúa buscando en cada nueva herramienta una forma diferente de poner posibilidades en manos de quienes crean con luz.

Porque después de más de tres décadas, GLP puede medir su crecimiento en productos, oficinas, mercados y escenarios alrededor del mundo.

Pero su historia parece medirse de otra manera.

En la curiosidad que hizo empezar a Udo. En la confianza que Mark ayudó a construir. En los diseñadores que obligaron a cambiar un producto hasta hacerlo mejor. En la capacidad de escuchar incluso cuando eso significa volver a ingeniería y empezar de nuevo. En una compañía que entendió que crecer también significa aprender a responder de manera diferente a cada mercado. Y en las nuevas generaciones que siguen entrando a esta industria y descubriendo que detrás de toda esa tecnología todavía existe algo profundamente humano.

La pasión por encender una luz y preguntarse qué podría suceder después.


Créditos
Fotografía de portada: LATAM STAGE
Fotografías interiores: LATAM STAGE / GLP
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