AvoCamp: aprender a usar una consola se convirtió en aprender a hacer iluminación.

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En República Dominicana, Avolites volvió a reunir a profesionales de distintos países de Latinoamérica en una nueva edición de AvoCamp. Tres días intensivos de formación, programación, diseño, iluminación y certificación que reflejan una evolución mucho más profunda: pasar de enseñar el funcionamiento de una consola a contribuir a la profesionalización de quienes trabajan detrás de ella.

Aprender una consola puede ser relativamente sencillo. Aprender a hacer iluminación es otra cosa. Entre ambas ideas existe una diferencia que puede parecer sutil, pero que resulta fundamental para entender hacia dónde está evolucionando la formación profesional en la industria del entretenimiento. Una consola es una herramienta; la iluminación es un lenguaje que combina técnica, conocimiento, creatividad y sensibilidad.

Esa parece ser precisamente la dirección que ha tomado AvoCamp, el programa de capacitación desarrollado por Avolites junto con Kyo Academy, el brazo educativo de Kyo Production. Lo que comenzó como una instancia enfocada principalmente en el sistema operativo Titan fue creciendo hasta convertirse en una propuesta que integra programación, diseño, teoría de la luz, visualización y certificación.

La reciente edición realizada en el Hotel Catalonia de Santo Domingo volvió a poner en evidencia ese cambio. Durante tres días, 27 participantes provenientes de 10 países latinoamericanos compartieron formación y experiencias en una actividad que, además del aprendizaje técnico, busca construir algo que no siempre resulta fácil de encontrar en la industria: una comunidad de profesionales dispuestos a compartir conocimiento.

Cinco años de evolución

Para Francisco Yañez Valdivia, Gerente de Área para Latinoamérica de Avolites, AvoCamp se ha convertido en un momento especialmente relevante dentro de la estrategia de la marca en la región. “Es un buen momento para educar a usuarios y también estandarizar metodologías de trabajo con el software Titan”, explica.

Pero la intención va más allá de enseñar funciones. AvoCamp reúne profesionales provenientes de diferentes áreas de la iluminación: conciertos, teatro, televisión, broadcast y otros segmentos. Esa diversidad transforma la capacitación en un espacio donde no solamente se aprende de los instructores, sino también de las experiencias de otros profesionales.

Yañez destaca precisamente ese aspecto como uno de los resultados más valiosos del programa. A lo largo de los años se ha formado una comunidad que continúa conectada después de cada encuentro, intercambiando información, compartiendo experiencias y ayudándose incluso cuando trabajan en países diferentes.

Lo que sucede durante el AvoCamp, por lo tanto, no termina cuando se apagan las luces del aula. Se forman grupos de comunicación, aparecen nuevos contactos profesionales y quienes participaron comienzan a reconocerse como parte de una comunidad regional. Para una industria donde buena parte del conocimiento práctico históricamente se transmitió de manera informal, esa red puede ser tan importante como la propia capacitación.

De aprender Titan a entender la luz

José Antonio Bermúdez, responsable del componente educativo a través de Kyo Academy, explica que la evolución del programa respondió a una necesidad que fueron detectando con el tiempo.

Originalmente, AvoCamp estaba concentrado prácticamente en su totalidad en el sistema operativo. Después incorporó Prisma y Capture, y progresivamente fue sumando nuevos contenidos.

Pero el cambio más importante llegó cuando comenzaron a incorporar fundamentos de iluminación. “Muchas veces notamos que la gente está muy enfocada solamente en el uso, en aprender a usar la consola, y no tiene nociones de lo que vendría siendo la iluminación en sí”, señala Bermúdez.

La observación es relevante porque plantea una cuestión que atraviesa a toda la industria: conocer una herramienta no necesariamente significa comprender el oficio.

Por eso, el programa comenzó a abordar conceptos como temperatura de color, psicología del color, tipos de fuentes, funcionamiento de las luminarias, balance de blancos, cámaras y enfoque, además de los fundamentos del diseño.

El objetivo no es convertir el AvoCamp en una academia especializada en cada una de las disciplinas de la iluminación, sino entregar una visión global que permita comprender por qué se utiliza una determinada herramienta antes de llegar al momento de programarla.

El proceso, entonces, comienza mucho antes de tocar una consola. Primero está la luz. Después aparece el diseño. Luego la visualización y, finalmente, la programación y la operación.

En ese recorrido, Titan deja de ser el centro absoluto y pasa a ocupar su lugar natural: el de una herramienta dentro de un proceso creativo y técnico mucho más amplio.

“No te pagan por usar la consola”

Quizás una de las reflexiones más fuertes de la conversación aparece cuando Bermúdez y Yañez analizan uno de los problemas que todavía existen en el mercado.

Existe una tendencia a confundir el dominio de una plataforma con el dominio de la profesión. Para ellos, es necesario diferenciar claramente entre operador, diseñador e ingeniero de iluminación. Una persona puede saber encender una luminaria, programar una memoria o ejecutar un efecto y, sin embargo, no tener todavía los conocimientos necesarios para desarrollar un diseño de iluminación.

La frase resume perfectamente el concepto: “No te pagan por usar la consola, te pagan por hacer iluminación.” El sistema de control es un lenguaje. Es una herramienta para alcanzar un resultado.

La diferencia parece evidente, pero tiene profundas consecuencias para la profesionalización del mercado. Cuando el foco se coloca exclusivamente sobre la consola, se corre el riesgo de perder de vista aquello que realmente determina el valor de un profesional: su capacidad para interpretar una propuesta artística, diseñar una solución, comprender la luz y resolver las necesidades de un espectáculo.

Por eso, la formación técnica adquiere otra dimensión. No se trata solamente de conocer más funciones. Se trata de comprender mejor qué hacer con ellas.

El conocimiento que no está en ningún manual

Uno de los momentos más interesantes del AvoCamp ocurre, paradójicamente, fuera de los contenidos formales. Es el momento en que los participantes comienzan a compartir cómo resuelven sus propios problemas.

Yañez recuerda, por ejemplo, la experiencia de profesionales como Eduardo Guzmán, que utiliza tiempos y Fixed Orders de las memorias para desarrollar efectos de una manera particular; Jefferson Barrantes, llevando el Pixel Mapping hasta aplicaciones muy avanzadas; o distintos usuarios de Chile, Colombia y Argentina que han desarrollado soluciones propias utilizando herramientas de Titan.

Ese intercambio permite que una solución desarrollada por un profesional en un país pueda convertirse en una herramienta para otro profesional al otro lado de la región.

José Antonio destaca especialmente el caso de Keni Calderón, de Perú. Este joven iluminador trabaja en producciones consecutivas donde no siempre encuentra el mismo equipamiento. En ocasiones llega a un evento y debe enfrentarse a luminarias diferentes, equipos genéricos o configuraciones que no necesariamente responden a un rider ideal.

Su experiencia le ha permitido desarrollar una enorme capacidad de adaptación y resolución. Ese conocimiento difícilmente puede ser transmitido únicamente a través de un manual. Se aprende en la práctica. Y, especialmente, escuchando a quien ya tuvo que resolver el problema.

Ahí aparece uno de los grandes valores de AvoCamp: poner en la misma sala a personas que tienen experiencias diferentes para que ese conocimiento circule.

Una comunidad sin egoísmo

Durante la edición en República Dominicana, esa dinámica se hizo especialmente visible. Profesionales de diferentes países y especialidades intercambiaron experiencias sobre programación, diseño y resolución de problemas.

Uno de los aspectos más importantes es ésta edición del Avocamp es que se ha generado una comunidad donde el conocimiento circula de manera abierta.

Un profesional comparte una solución. Otro la complementa. Un tercero encuentra una aplicación diferente. Y ese proceso continúa después del encuentro. El resultado es la construcción de un lenguaje común.

No necesariamente significa que todos trabajen de la misma manera. Todo lo contrario: la riqueza está precisamente en las diferentes formas de resolver un mismo problema.

Pero sí permite que los profesionales comprendan mejor las posibilidades de las herramientas y, al mismo tiempo, amplíen su propio repertorio creativo.

República Dominicana: cinco años construyendo comunidad

Para Juan Méndez, distribuidor de Avolites en República Dominicana, la continuidad del programa ha tenido un impacto concreto en el mercado local.

Los entrenamientos comenzaron hace aproximadamente cinco años y, desde entonces, el nivel de conocimiento de los usuarios ha ido creciendo.

“Está mejorando bastante”, confirma Méndez. Ya existen varios profesionales certificados como operadores de Titan y cada vez más empresas envían integrantes de sus equipos a capacitarse. Este año, por ejemplo, una empresa envió cinco personas al entrenamiento.

Ese dato muestra otra transformación importante: la capacitación dejó de ser exclusivamente una iniciativa individual. Las empresas también comienzan a entender que formar a sus equipos tiene un impacto directo sobre la calidad del servicio que pueden ofrecer.

Para Méndez, además, existe una relación directa entre conocimiento y confianza. Cuando un usuario comprende mejor las capacidades de una plataforma, puede aprovecharla más y también evaluar con mayor claridad qué herramientas necesita. La capacitación, en ese sentido, no está separada del desarrollo del mercado.

Cuando la capacitación también transforma el mercado

Méndez reconoce que los entrenamientos también han tenido un efecto comercial. Algunos usuarios, después de conocer mejor las posibilidades del sistema, terminan incorporando nuevas herramientas o invirtiendo en consolas de mayor capacidad.

El caso de Keni es un ejemplo: después de su experiencia con el sistema, incorporó una D7 a su configuración, que se sumó a su equipamiento anterior.

Pero reducir este fenómeno a una cuestión de ventas sería perder la parte más interesante. El verdadero punto es que un usuario informado puede tomar mejores decisiones.

La capacitación permite entender qué puede hacer una herramienta, cuáles son sus límites y qué solución se adapta mejor a una determinada producción.

En lugar de vender simplemente una consola, se construye una relación más profunda entre el usuario, la tecnología y la marca.

Cinco años, más experiencia y un formato más exigente

AvoCamp también ha evolucionado en su propia estructura. La actividad comenzó con grupos más pequeños y luego fue creciendo en diferentes países. A lo largo del tiempo se realizaron ediciones en República Dominicana, México, Argentina y Chile, siendo la realizada en la ciudad de Santiago de Chile, la que ha logrado un mayor impacto.

En una de las ediciones chilenas llegaron a participar alrededor de 55 personas, mientras que otras versiones reunieron grupos de entre 20 y 30 participantes.

Sin embargo, el crecimiento no necesariamente significa buscar grupos cada vez más grandes. De hecho, la experiencia llevó a Avolites a valorar especialmente los grupos reducidos.

La razón es sencilla: AvoCamp es una capacitación intensa y avanzada. Atender las dudas de 50 personas simultáneamente puede terminar afectando la calidad de la experiencia.

Por eso, el formato actual busca mantener un cierto nivel de selección. Los participantes deberían llegar con conocimientos previos e, idealmente, haber pasado antes por instancias como AvoWeek.

El objetivo es que AvoCamp pueda trabajar sobre una base común y avanzar hacia contenidos más complejos. En palabras de Yañez, no se trata simplemente de llegar y comenzar desde cero. El lenguaje utilizado durante el campamento es diferente y requiere un nivel previo de conocimiento.

El desafío de elevar el estándar

Detrás de todo este proceso existe una preocupación que excede a Avolites. La industria latinoamericana necesita profesionales mejor preparados.

Yañez recuerda que, aproximadamente cinco años atrás, realizó un pequeño muestreo entre usuarios avanzados de diferentes países. El promedio de conocimiento del software estaba, según aquella evaluación, alrededor del 30 o 35%.

El problema no era necesariamente la falta de interés. Muchas veces era simplemente desconocimiento. Los usuarios no sabían que determinadas funciones existían o desconocían hasta dónde podían llevar el sistema. Preguntas como cómo crear un Chase o una memoria eran todavía habituales entre profesionales que ya trabajaban con la plataforma.

Hoy, según su percepción, ese nivel medio ha aumentado. La diferencia no está únicamente en saber más comandos. Está en haber desarrollado un lenguaje técnico que permite utilizar las herramientas en función de una propuesta creativa.

Ese cambio puede ser mucho más importante que cualquier nueva función incorporada a una consola.

Educar también es construir mercado

Para Avolites, la educación forma parte de la estrategia de desarrollo de la marca en Latinoamérica. Yañez lo explica desde una perspectiva que trasciende el marketing tradicional: si una empresa desarrolla una solución tecnológica específica para una industria, también necesita que quienes trabajan en esa industria conozcan realmente sus posibilidades.

Pero existe además un efecto paralelo. Un profesional mejor formado puede entregar un mejor servicio. Puede resolver más problemas. Puede desarrollar propuestas más sofisticadas. Puede comunicarse técnicamente con otros profesionales y comprender mejor las necesidades de una producción.

La consecuencia es una industria más profesional. Y esa profesionalización termina beneficiando también a las marcas, los distribuidores, las empresas de producción y, fundamentalmente, a los clientes finales. Es un círculo que comienza con el conocimiento.

Lo que viene después del AvoCamp

La experiencia acumulada en estos cinco años también está dando lugar a un proyecto educativo más amplio. José Antonio Bermúdez anticipa el desarrollo de una plataforma online orientada al mercado latinoamericano, con contenidos bajo demanda y encuentros en vivo.

La propuesta busca hacer accesible la formación a profesionales que muchas veces no pueden asistir regularmente a una institución educativa o dedicar grandes cantidades de tiempo a una formación tradicional porque deben continuar trabajando.

La idea es comenzar desde los fundamentos de la iluminación y avanzar progresivamente hacia sus diferentes aplicaciones: iluminación escénica, teatro, shows en vivo, streaming, televisión, iluminación arquitectónica y otras especialidades.

También se contempla incorporar diseño, Capture, metodologías de trabajo y aspectos vinculados con la seguridad industrial. El objetivo es construir una ruta de formación que permita avanzar desde la teoría hacia la práctica y posteriormente hacia la especialización.

Los AvoCamps presenciales formarían parte de ese ecosistema como instancias prácticas y avanzadas, mientras que otras actividades, como AvoWeek y las capacitaciones locales, permitirían alcanzar a un público más amplio.

La visión es clara: hacer que la educación sea más accesible y que el conocimiento deje de depender exclusivamente de la posibilidad de acceder físicamente a una academia.

La tecnología como lenguaje, no como protagonista

Quizás ese sea, finalmente, el concepto que mejor explica la evolución de AvoCamp.

La tecnología continúa siendo fundamental. Titan sigue siendo una herramienta poderosa y Avolites continúa desarrollando nuevas capacidades, integración y soluciones para una industria que cambia permanentemente.

Pero una consola no puede sustituir el criterio del diseñador. Puede acelerar una programación. Puede permitir ejecutar ideas complejas. Puede integrar diferentes sistemas. Puede ampliar las posibilidades creativas. Pero primero tiene que existir una idea.

Por eso, cuando AvoCamp incorpora teoría de la luz, diseño, visualización y experiencia práctica junto con Titan, está haciendo algo más que ampliar el temario.

Está cambiando la pregunta, ya no se trata solamente de “¿cómo hago esto en la consola?” La pregunta comienza a ser: “¿Qué quiero hacer con la luz y cuál es la mejor manera de convertir esa idea en un espectáculo?”

Una industria que aprende a hablar el mismo idioma

Después de cinco años, AvoCamp parece haber encontrado una identidad propia. No es solamente un curso. Tampoco es solamente una demostración de producto.

Es un punto de encuentro. Es un espacio de formación donde la tecnología se cruza con el diseño, donde la experiencia de un profesional puede convertirse en conocimiento para otro y donde usuarios de diferentes países comienzan a construir una comunidad alrededor de un lenguaje común.

En República Dominicana, 27 participantes de 10 países volvieron a poner en práctica ese concepto. Y el dato más importante quizás no sea cuántas personas asistieron, sino qué sucede después.

Si un profesional regresa a su país entendiendo mejor la luz, diseñando mejor, programando mejor y compartiendo ese conocimiento con otro, el impacto del AvoCamp deja de medirse en tres días de capacitación. Se mide en cada espectáculo que ese profesional hará después.

Porque, en definitiva, aprender una consola es aprender a utilizar una herramienta. Aprender iluminación es aprender a pensar con la luz.

Y si AvoCamp consigue que una nueva generación de profesionales latinoamericanos haga justamente eso, entonces su verdadero aporte no estará solamente en enseñar Avolites. Estará ayudando a elevar el estándar de toda una industria.

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