El Tour Al Sol de Carlos Vives propone recorrer más de tres décadas de música siguiendo el camino del sol. Detrás de esa idea, William Gallo construyó un diseño donde iluminación, video, tracking y audio trabajan conectados para acompañar al artista sin competir con él. Un concepto que encontró en Wholestage un socio tecnológico capaz de reunir soluciones de MA Lighting, zactrack y L-Acoustics, junto con el soporte necesario para convertir cada idea en una herramienta real de producción.
Hay una frase que William Gallo repite cuando habla del Tour “Al Sol” y que, en buena medida, explica todo el diseño: la luz debe acompañar y no competir.
La idea adquiere especial significado en un momento donde las grandes giras suelen medirse en metros cuadrados de pantalla, cantidad de luminarias y dimensiones de sus estructuras. Para el diseñador colombiano, director de iluminación de Carlos Vives desde hace varios años, el punto de partida fue justamente el contrario: construir un espectáculo de gran escala sin permitir que la tecnología desplazara aquello que realmente debía ocupar el centro, Carlos Vives, La Provincia y una música profundamente vinculada con la identidad colombiana.
El concepto dialogaba con la propia naturaleza del Tour Al Sol, una gira que celebra más de tres décadas de trayectoria y propone un recorrido musical atravesado por diferentes momentos del día. Para Gallo, esa idea se convirtió en el punto de partida de todo un lenguaje visual.

Del cine a la iluminación
Antes de llegar a los grandes escenarios, William Gallo imaginaba su carrera detrás de una pantalla. Estudió cine y televisión con la intención de dedicarse a la postproducción, atraído por la edición, la creación visual y la fotografía. Una materia dedicada a técnicas de estudio comenzó a cambiar ese camino cuando entró en contacto con luminarias, temperaturas de color y construcción de ambientes.
En paralelo, trabajaba en una empresa de eventos donde comenzó a relacionarse con consolas de iluminación, teatro y puestas en escena. Con el tiempo, aquellos dos mundos terminaron encontrándose.
La formación audiovisual nunca desapareció. Hoy sigue presente en su manera de diseñar, pensando no solamente en lo que observa el público frente al escenario, sino también en aquello que atraviesa una lente.
«Ese conocimiento de lentes, cámaras, luz y fotografía me ha servido muchísimo. Me ha ayudado a generar atmósferas y a que la fotografía que aplico en mis shows tenga un sentido y un criterio.»
Un proyecto con el cantautor colombiano Santiago Cruz terminó de marcar ese camino. Trabajando en teatros encontró un territorio donde podía explorar intensidades y ambientes con mayor sutileza, hasta reconocer un lenguaje propio. Años después llegaría Carlos Vives, con quien comenzó a trabajar hacia el final de la pandemia y ya ha compartido varias giras.
Seguir el recorrido del sol
La primera indicación llegó del propio Vives: el concepto debía ser el sol.
La referencia estaba en Santa Marta, en el Caribe colombiano, en sus amaneceres y atardeceres y en la relación del artista con ese paisaje. Pero convertir esa idea en escenario llevó tiempo.
Gallo recuerda haber desarrollado entre 17 y 18 propuestas. Hubo pantallas, pisos de video y diferentes configuraciones hasta que el equipo decidió detenerse y volver al origen. En lugar de continuar sumando elementos, comenzaron por construir la curva emocional del espectáculo.
El setlist se organizó en cuatro actos: amanecer, mediodía, atardecer y noche. A partir de allí, iluminación, video y música podían compartir un mismo recorrido, con la temperatura de color como hilo conductor.
«Empezamos a trabajar el setlist y el show por actos. El primer acto es el amanecer, el segundo el mediodía, el tercero el atardecer y el cuarto la noche. El hilo conductor iba a ser el color.»
La formación cinematográfica de Gallo reaparecía de manera natural: si la luz cambia durante el día, el escenario también debía hacerlo. Los tonos del amanecer no podían ser los mismos que los del mediodía, mientras que el atardecer debía conducir emocionalmente hacia una noche entendida como otra etapa dentro del mismo ciclo.
La música acompañó esa estructura. Los clásicos vallenatos y las canciones asociadas a las regiones cálidas de Colombia encontraron su lugar en los momentos de mayor intensidad solar. El diseño dejaba así de ser una sucesión de canciones iluminadas para convertirse en un recorrido.

Menos elementos, mayor intención.
Una vez definida la narrativa, apareció el escenario.
El sol debía estar presente físicamente y una gran estructura circular terminó convirtiéndose en su principal elemento visual. Alrededor de ella, la decisión fue reducir: menos pantalla, menos luminarias, risers sencillos, un piso cuidadosamente diseñado y un circuito cerrado de video con una fuerte dirección fotográfica. A eso se sumaron láseres, efectos y pirotecnia cuando la música requería ampliar la escala.
La espectacularidad no debía surgir de la acumulación. «¿Por qué tener 500 luces y no 40? ¿Por qué tener 600 metros de pantalla y no 100? Queríamos enfocarnos realmente en que el foco de atención estuviera en Carlos y La Provincia.»
Con menos elementos, cada herramienta debía justificar su presencia. Y había otra dificultad: el concepto tenía que sobrevivir a una gira internacional.
Transportar una gran estructura circular entre países no resultaba práctico, principalmente por su volumen. La solución fue desarrollar un concepto capaz de reconstruirse localmente, manteniendo las proporciones y permitiendo trasladar la programación a luminarias instaladas en posiciones verticales poco habituales.
La consigna interna fue contundente: «El círculo siempre va». Hubo venues donde implementarlo fue especialmente complejo. En Seattle, por ejemplo, las condiciones reales obligaron a revisar previsiones realizadas durante la preproducción. Al mismo tiempo, los tiempos de montaje exigían que aquella estructura pudiera estar operativa dentro de jornadas extremadamente ajustadas.
Los primeros shows sirvieron para perfeccionar el proceso hasta convertirlo en una metodología reproducible. Algo similar debía suceder con la programación: cambiar de ciudad no podía significar reconstruir el espectáculo desde cero.
MA Lighting como cerebro del show
William Gallo trabaja con MA Lighting desde aproximadamente 2012. En Tour Al Sol opera con una grandMA3 full-size como consola principal y una grandMA3 light como backup, dentro de una programación construida prácticamente en su totalidad sobre timecode.
Iluminación, movimientos y diferentes acciones se ejecutan siguiendo una estructura automatizada que permite conservar precisión noche tras noche. Durante el show, Gallo mantiene intervención directa principalmente sobre las intensidades del key light para cámaras.
«La única forma para nosotros de lograr la consistencia que tenemos es el timecode. No hay otra.»
La plataforma también cumple un papel fundamental frente a los cambios de venue y equipamiento. Gallo destaca herramientas como Recipes, presets almacenados en Fixture Type, Phasers, offsets y programación XYZ, que le permiten adaptar con rapidez el comportamiento del show.
Durante la etapa por Estados Unidos y Canadá, viajando con una configuración estable, podía resolver gran parte del ajuste de posiciones desde un único preset. Cuando el diseño debe reproducirse con otros equipos, Recipes facilita trasladar su lógica sin rehacer cada elemento de programación.
Para Gallo, la posibilidad de crear macros y plugins propios amplía todavía más esa flexibilidad. Pero grandMA3 no se limita a controlar luminarias: dentro de Tour Al Sol funciona como uno de los puntos desde los que comienzan a conectarse diferentes áreas del espectáculo.
Cuando la posición de Carlos transforma la escena
La integración de zactrack añadió otra dimensión al proyecto. Carlos Vives lleva un tracker y su posición puede convertirse en información para distintos sistemas. Video recibe datos, las luminarias reaccionan y diferentes elementos visuales pueden responder a su recorrido.
En “La Foto de los Dos”, por ejemplo, mientras Vives avanza por el escenario se activan progresivamente luces, visuales y partículas que acompañan el carácter nostálgico de la canción.
El equipo incluso experimentó con los ojos del sol digital para que siguieran al artista. La función operó técnicamente y llegó a utilizarse en varios shows, pero determinadas posiciones generaban un resultado visual que no terminaba de convencerlos. Decidieron retirarla temporalmente para seguir desarrollándola.
La experiencia resume una idea fundamental del proyecto: que algo sea tecnológicamente posible no significa que necesariamente deba permanecer en escena. Sin duda, la tecnología está subordinada al concepto.

Una red para conectar el espectáculo
La interacción entre departamentos convirtió la infraestructura de red en uno de los desafíos técnicos más importantes de la gira.
Desde iluminación se envía DMX hacia plataformas como Notch y TouchDesigner, mientras la información de posición generada por zactrack se comparte con video y audio. Gallo dedicó varias semanas a estructurar una arquitectura capaz de manejar distintos protocolos de manera estable.
El sistema se apoya en fibra y en una documentación detallada de direcciones IP, conexiones y flujos de información. Incluso el orden de trabajo durante el montaje depende de esa integración: zactrack debe estar calibrado antes de que otros departamentos puedan disponer correctamente de sus datos.
«Lo más complejo en esta gira es tener una red muy robusta que hable todos los protocolos sin que llegue a fallar algo. Tenemos una biblia con absolutamente todo marcado y un sistema por fibra bastante robusto justamente para eso.»
Es precisamente en este punto donde Wholestage deja de entenderse únicamente como proveedor de tecnología.

Wholestage, dentro y detrás del ecosistema
La relación entre William Gallo y Wholestage lleva alrededor de seis o siete años y se consolidó especialmente desde su incorporación al equipo de Carlos Vives.
Con Luis Duque y Jonathan del Villar, CEO y CTO de Wholestage respectivamente, esa relación creció alrededor de una dinámica concreta: plantear una idea, analizar qué hace falta y encontrar la manera de probarla.
Cuando Gallo manifestó su interés por explorar zactrack, pocos días después ya tenía acceso al sistema y al acompañamiento necesario para comenzar a trabajar.
«Con Luis las cosas no se quedan en proyecto. Todo se ejecuta; lo hablamos y pasa.»
Esa misma lógica se extendió a MA Lighting y al resto de las herramientas utilizadas por el equipo. Wholestage aportó acceso a equipamiento, laboratorio, entrenamiento y soporte especializado. Gallo destaca también el acompañamiento de técnicos como Moisés Aguilar y Juan Daniel, disponibles cuando surgen consultas durante el desarrollo o en plena producción.
Para él, ahí está el verdadero diferencial. «Yo creo que lo mejor de Wholestage no son los equipos. Es su soporte técnico, su soporte humano.»
Más que poner diferentes tecnologías al alcance del proyecto, Wholestage se convirtió así en un socio para explorar cómo utilizarlas y conectarlas dentro de una producción que continuamente busca llevarlas hacia nuevas aplicaciones.
“Tour Al Sol” extiende esa integración hacia el sonido con soluciones L-Acoustics, incluyendo L Series y el entorno inmersivo L-ISA, dentro del ecosistema tecnológico acompañado por Wholestage.
Gallo no interviene en las decisiones específicas del diseño sonoro, pero desde iluminación existe un punto de encuentro importante: los sistemas comparten información. Los datos de posición generados por tracking pueden viajar hacia audio mediante PSN, integrándose a la misma infraestructura que conecta iluminación y video.
Así, MA Lighting, zactrack y L-Acoustics dejan de funcionar como universos independientes. Cada uno aporta una capa distinta, mientras Wholestage brinda el soporte tecnológico que permite integrarlas dentro de una misma producción.
Una imagen que también cuenta la historia
Aunque “Tour Al Sol” no fue concebido como una transmisión en streaming, el circuito cerrado tiene un papel fundamental en la experiencia del público.
Ese trabajo se desarrolló junto a Sergio Rodríguez, director audiovisual de Carlos Vives, y Gonzalo, responsable de visuales. Cámaras, lentes, temperatura de color y tratamiento fotográfico fueron estudiados para conseguir que escenario e imagen compartieran la misma intención.
Uno de los mayores desafíos creativos fue mantener esa continuidad. Durante la programación siempre existe la tentación de incorporar un color o un efecto porque funciona visualmente, pero “Tour Al Sol” exigía respetar la paleta desaturada y la curva cromática establecida durante la preproducción.
El diseño tenía reglas y mantenerlas era parte de su identidad.
Y diseñar también es saber leer al artista. Carlos Vives participa activamente del proceso creativo y puede introducir cambios incluso durante el soundcheck. No siempre lo hace utilizando términos técnicos: puede pedir tristeza, misterio o que la luz se comporte como una llovizna.
El trabajo de Gallo consiste entonces en traducir sensaciones. En una ocasión, Vives pidió que pareciera que llovía sobre el escenario. Gallo respondió combinando gobos y efectos de intensidad. La respuesta del artista fue inmediata: “era exactamente lo que imaginaba”.
Después de varios años trabajando juntos, conocer esas referencias resulta tan importante como dominar una consola.
«Más allá del conocimiento profundo que pueda tener de la consola, hay que saber leer lo que quiere.»
Esa lectura también está vinculada con la cultura detrás de las canciones. Para Gallo, trabajar con Carlos Vives requiere comprender el vallenato, el Caribe colombiano y el significado que determinadas composiciones tienen para diferentes generaciones.

Una forma de crear.
Traducir ese universo a iluminación exige algo que ninguna plataforma puede automatizar.
Gallo lo plantea como una combinación entre técnica y sensibilidad. Saber programar permite resolver gran parte del trabajo, pero no determina qué color necesita una canción, cuándo una escena debe respirar o cuándo es mejor que una luminaria permanezca quieta.
Lo resume en una frase: «El gusto no se programa.»
Y quizá ahí esté también la explicación de por qué “Tour Al Sol” decidió avanzar en dirección contraria a la acumulación. Las posibilidades de grandMA3, zactrack, video interactivo, redes y audio inmersivo permiten construir escenas cada vez más complejas; el desafío creativo continúa siendo decidir cuándo utilizarlas.
Para Wholestage, la gira demuestra en la práctica el valor de un ecosistema que no termina en MA Lighting, zactrack o L-Acoustics, sino que incluye el conocimiento, la experimentación y el soporte necesarios para que esas tecnologías dialoguen entre sí.
Para William Gallo, sin embargo, la medida final sigue estando frente al escenario.
Después de decenas de producciones al año, un show puede convertirse en rutina para quienes trabajan detrás. Para alguien del público puede ser el primer concierto de su vida, o incluso el último. Por eso Gallo suele quedarse en el “front of house” observando cómo sale la gente.
Hay un momento que sintetiza esa mirada. Cuando Vives interpreta “El Caballito,” Gallo ve adultos que conocieron la canción siendo niños y que hoy la cantan junto a sus propios hijos. Él mismo recuerda haberla visto en televisión cuando tenía ocho o diez años y encontrarse décadas después diseñando la luz del artista que entonces observaba desde una pantalla.
En “Tour Al Sol,” esa memoria convive con tracking, timecode, fibra, video interactivo y audio inmersivo. Wholestage aporta el ecosistema que permite llevar las ideas a escena; William Gallo utiliza esas herramientas para construir un recorrido donde la tecnología encuentra su verdadero lugar cuando deja de competir con la música y comienza a acompañarla.
Créditos
Fotografía de portada: William Gallo
Fotografías interiores: William Gallo
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