Desde una Diamond 3 hasta la D7, el diseñador de iluminación mexicano ha construido una relación de más de 30 años con Avolites. Una historia marcada por la evolución tecnológica, la velocidad de programación y una idea que sigue vigente: la consola debe adaptarse al diseñador y a las necesidades de cada espectáculo.
Hay relaciones profesionales que se construyen alrededor de un producto y otras que terminan convirtiéndose en parte de una trayectoria. La historia de Tony Pérez con Avolites pertenece claramente a la segunda categoría.
Antonio Pérez Torres —aunque en la industria todos lo conocen como Tony PT— comenzó su recorrido profesional en el mundo del espectáculo a finales de los años 80 y encontró una consola Diamond 3 de Avolites a comienzos de la década de 1990. Desde entonces, su carrera y la evolución de la plataforma han avanzado prácticamente en paralelo.
Tres décadas después, Tony continúa utilizando Avolites como su principal plataforma de control. Y su reciente incorporación de una D7-215, que fue la primera unidad de este modelo en llegar a México, representa mucho más que la compra de una nueva consola: es la continuidad de una forma de trabajar que se ha ido adaptando a las necesidades de cada época.

Una relación que sobrevivió al cambio tecnológico
La fidelidad de Tony hacia Avolites no responde únicamente a la familiaridad con una interfaz. A lo largo de su carrera ha probado otras plataformas y ha tenido contacto directo con diferentes sistemas de control. Sin embargo, encontró en Avolites una forma de trabajo que terminó incorporándose naturalmente a su manera de programar.
“La realidad es que me súper acostumbré a la interfaz de la consola”, explica. Para Tony, la facilidad de uso no significa simplemente que una consola sea sencilla. Significa que el diseñador pueda llegar rápidamente al resultado que tiene en mente.
Ese concepto aparece una y otra vez durante la conversación. La velocidad de programación es, para él, uno de los atributos fundamentales de Avolites porque cada acción que se simplifica representa tiempo ganado durante una programación o una operación en vivo.
Pero hubo otro factor decisivo en su permanencia con la marca: la capacidad de Avolites para evolucionar.
Tony comenzó utilizando las primeras generaciones de la plataforma y posteriormente pasó a Titan, plataforma que utiliza desde sus primeras versiones. En el camino llegaron Pearl, Tiger Touch, Quartz, Arena y finalmente D7.
Cada consola modificó la superficie de trabajo, la cantidad de faders, las pantallas, los ejecutores y las posibilidades de control. Sin embargo, la lógica fundamental permaneció suficientemente familiar como para permitirle trasladar su experiencia de una generación a otra.
“Uno trata de que la consola se adapte a lo que nosotros necesitamos”, sostiene. Esa frase probablemente resume mejor que ninguna otra su relación con la plataforma.
De la Diamond 3 a la D7
La evolución tecnológica puede observarse claramente en la propia historia de Tony.
Recuerda su primera Diamond 3 como una consola físicamente enorme, pero con una arquitectura que encontró lógica y amigable para programar. Más tarde llegó la Pearl, que le permitió trabajar con una superficie amplia y una gran cantidad de controles físicos.
Después apareció Tiger Touch, con una interfaz gráfica mucho más desarrollada y nuevas posibilidades para programar y disparar directamente desde la pantalla.
La transición hacia consolas más compactas también estuvo determinada por una necesidad concreta: viajar.
Tony comenzó a trabajar con diferentes superficies dependiendo del tamaño y las características de cada producción. Quartz, Arena y otras consolas fueron ocupando distintos lugares dentro de su flujo de trabajo.
La D7 aparece entonces como una evolución lógica de ese recorrido. Cuando tuvo la posibilidad de probarla en México, todavía como prototipo, encontró una combinación que respondía particularmente bien a sus necesidades: una plataforma moderna, con una interfaz más cercana a los estándares actuales y, al mismo tiempo, suficientemente compacta para viajar.
“Yo necesito principalmente algo para viajar”, reconoce. Ese fue uno de los motivos centrales para elegir la D7-215 por encima de una superficie mayor.
En proyectos como Latin Mafia, donde la movilidad es un factor determinante, llevar una consola compacta puede representar una diferencia importante en logística. Tony buscaba mantener las capacidades de una plataforma profesional sin convertir la consola en un elemento excesivamente pesado o voluminoso dentro de una gira.
La decisión fue, por lo tanto, eminentemente profesional: continuidad de software, familiaridad operativa y portabilidad.

La consola no cambia al diseñador
Una de las ideas más interesantes que surge de la conversación es que Tony no considera que una nueva consola tenga que modificar necesariamente la forma en que trabaja un diseñador.
Su perspectiva es prácticamente la inversa. “Cada programador, cada diseñador, encuentra en la consola lo que necesita específicamente para trabajar o para sus shows”, indica.
Para Tony, no existe una única manera correcta de utilizar una plataforma. Cada diseñador construye su propio método a partir de las características del espectáculo, la cantidad de luminarias, el uso de píxeles, macros, efectos, programación manual o automatizada y, especialmente, de la relación con el artista.
Por eso, la evolución de las consolas no significa abandonar una manera de trabajar, sino encontrar nuevas herramientas para ampliar las posibilidades.
Su propio recorrido lo demuestra. Pasó de superficies con numerosos faders físicos a otras más compactas y luego volvió a configuraciones más amplias cuando el proyecto lo requirió.
“Lo que he tenido que hacer es hacer siempre la base de mi programación. Y lo demás, lo que necesito externo, lo he ido adaptando de acuerdo a la superficie, el tamaño que tenemos en la consola.”
La herramienta cambia. La metodología permanece.
Titan: una plataforma que dejó de estar limitada a la iluminación
Otro de los aspectos que Tony destaca es la evolución de Titan.
Para él, una de las grandes transformaciones de las últimas generaciones está relacionada con la capacidad de integrar diferentes protocolos, superficies y herramientas dentro de un mismo entorno de control.
La posibilidad de trabajar con diferentes sistemas y fuentes de información permite que el control deje de estar restringido exclusivamente a la iluminación.
Tony menciona herramientas y protocolos como NDI, Art-Net, ACN y otros sistemas que permiten ampliar las posibilidades de integración.
“Ya no sólo está limitado en algo, ni en protocolos, ni en funciones solamente de que pueda controlar específicamente iluminación, sino ahora ya podemos controlar otras cosas.”
Para un diseñador que trabaja en espectáculos donde iluminación, video, automatización y otros sistemas conviven permanentemente, esta evolución tiene una consecuencia directa: el lighting designer deja de trabajar dentro de una isla tecnológica.
La iluminación forma parte de un ecosistema. Y el controlador tiene que ser capaz de comunicarse con ese ecosistema.
Latin Mafia: cuando la tecnología debe aprender a desaparecer
La experiencia con Latin Mafia representa otro capítulo especialmente interesante en la carrera reciente de Tony.
La propuesta visual del grupo le planteó un desafío que, paradójicamente, no tenía que ver con utilizar más tecnología, sino con aprender a utilizar menos.
Los tres hermanos que integran Latin Mafia tienen una identidad visual muy definida. Buscan recuperar una estética más austera, vinculada a una iluminación de otra época: blanco, contraluz, pocas variaciones, ausencia de movimientos excesivos y una utilización mucho más contenida de las posibilidades de los equipos modernos.
Para un diseñador acostumbrado a tener a su disposición moving heads, píxeles, beams y toda una generación de herramientas capaces de producir enormes cantidades de movimiento y efectos, la primera sensación fue de limitación.
“Ellos me frenaron y me regresaron”, recuerda Tony. Pero esa limitación terminó transformándose en una oportunidad creativa.
El desafío fue comprender qué necesitaba realmente el artista y descubrir cómo utilizar la tecnología disponible para construir una estética que, precisamente, no pareciera tecnológica.
Ahí aparece una de las características que Tony considera fundamentales en un Diseñador de Iluminación: la capacidad de escuchar.
La tecnología no debe imponerse sobre el espectáculo. Debe estar al servicio de la idea.

Cuando la velocidad también es creatividad
Para Tony, la rapidez de una consola no es solamente una cuestión de comodidad. Puede convertirse directamente en una herramienta creativa.
“Si el control no está lo suficientemente ágil y actualizado, no vas a poder crear lo que traes en la cabeza”, analiza.
La idea es sencilla pero profunda: entre imaginar algo y conseguir plasmarlo existe una cadena de decisiones, comandos y acciones. Cuanto más eficiente sea la herramienta, menor será la distancia entre la idea y su ejecución.
Por eso Tony insiste en la velocidad de programación de Avolites.
No se trata solamente de hacer más rápido un trabajo que de todas maneras habría que realizar. Se trata de que la herramienta no se convierta en un obstáculo entre el diseñador y aquello que quiere conseguir.
En ese sentido, la consola puede convertirse en una extensión de la creatividad.
El valor de escuchar al usuario
Tony también pone especial énfasis en un aspecto que considera fundamental en la evolución de una plataforma: que el fabricante escuche a quienes trabajan diariamente con ella.
Durante su experiencia con la D7, incluso ha transmitido sugerencias concretas sobre la disposición de determinadas funciones.
Su argumento es práctico: quien diseña una consola puede conocer profundamente la tecnología, pero quien trabaja con ella todos los días puede detectar pequeños detalles capaces de ahorrar segundos constantemente.
Y en una programación profesional, esos segundos se acumulan. “Es muy importante que te hagan caso, que te escuchen a ti como iluminador”, afirma.
Para Tony, la evolución de una consola no debería producirse únicamente desde los departamentos de desarrollo. También debe construirse a partir del feedback de quienes están frente al control durante horas, programando, operando y resolviendo problemas reales.
En ese sentido, considera que las nuevas generaciones de Avolites son una respuesta a esa interacción entre fabricante y usuario.

El desafío más grande: crecer sin perder la identidad
Entre los trabajos que más han puesto a prueba la combinación entre Tony y Avolites aparecen las recientes presentaciones de Zoé en el Estadio GNP Seguros de Ciudad de México.
En esa producción, la D7 tuvo que gestionar una gran cantidad de luminarias y una configuración de alta exigencia. Según Tony, llegó a utilizar hasta 64 universos con la consola y trabajó con una configuración principal acompañada por backup y multiusuario.
La dimensión del espectáculo también obligó a encontrar un equilibrio entre iluminación y video, especialmente por el volumen de pantallas y luminarias involucradas.
Y, según su experiencia, la consola respondió sin convertirse en un factor limitante. “Lo que yo necesité, la consola me lo permitió en general y sin problema.”
Para un profesional que ha atravesado prácticamente todas las etapas de evolución de Avolites, esa afirmación tiene un peso particular.
No habla únicamente de las especificaciones de una consola. Habla de confianza.
Treinta años después, la historia continúa
Tony Pérez forma parte de una generación de profesionales que vivió la transformación completa del control de iluminación: desde las grandes superficies físicas y las primeras arquitecturas digitales hasta las plataformas capaces de integrar múltiples protocolos, video, automatización y diferentes superficies de control.
Su trayectoria con Avolites permite observar esa evolución desde una perspectiva particularmente valiosa: la de alguien que no solamente utilizó las diferentes generaciones de la marca, sino que compró varias de ellas y las incorporó directamente a su trabajo profesional.
Fue el primero en México en incorporar una Tiger Touch. También fue el primero en contar con una Arena. Y nuevamente fue pionero al adquirir una D7.
Pero más allá de esos hitos, lo interesante está en la continuidad. Tony no permaneció con Avolites porque las consolas no hayan cambiado. Permaneció porque cambiaron.
Cada nueva generación respondió a una necesidad diferente: más universos, mayor capacidad, nuevas interfaces, portabilidad, integración y velocidad.
Y ahora, mientras la industria avanza hacia espectáculos cada vez más complejos y donde la iluminación convive con video, automatización y nuevas tecnologías, su expectativa es clara: controles más rápidos, software más liviano, más herramientas y mayor capacidad de respuesta.

La evolución, para Tony, no tiene un punto final. Tampoco su relación con Avolites. “Es algo muy importante para mi trabajo”, resume.
Después de más de tres décadas, probablemente no exista una mejor manera de definir una relación entre un diseñador y una plataforma de control.
Más de tres décadas después de aquella primera Diamond 3, Tony Pérez sigue frente a una Avolites. Cambió la consola, cambió el software, cambiaron los espectáculos y cambió la tecnología; lo que no cambió fue la necesidad de tener una herramienta que responda a la velocidad de una idea. En su recorrido, la evolución de Avolites no significó empezar de nuevo, sino poder seguir avanzando sin perder aquello que lo hizo elegir la marca desde el principio. Y quizá ahí esté la verdadera medida de una plataforma profesional: no cuánto puede hacer una consola, sino cuánto le permite hacer al diseñador que está detrás de ella.
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Fotografía de portada: LATAM STAGE
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