Toni Llobet lleva el control de La Velada del Año VI a una nueva escala con MA Lighting.

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La Velada del Año VI llevó nuevamente la producción de un evento en vivo a una escala extraordinaria. Para Toni Llobet, director y diseñador de iluminación, el desafío no estaba únicamente en controlar un sistema de grandes dimensiones, sino en organizar el trabajo simultáneo de varios programadores, separar responsabilidades y mantener una única dirección sobre un espectáculo en permanente movimiento. En esta edición encontró en MA Lighting una arquitectura capaz de responder a esa complejidad.

Cuando Toni Llobet comenzó a trabajar en La Velada del Año, el evento estaba todavía lejos de alcanzar las dimensiones que tiene hoy. Cinco ediciones después, aquel proyecto se ha convertido en una producción de estadio donde boxeo, actuaciones musicales y entretenimiento conviven durante horas frente a decenas de miles de espectadores y una audiencia digital que multiplica esa cifra.

La Velada del Año VI, creada por el streamer español Ibai Llanos y celebrada el 25 de julio en el Estadio La Cartuja de Sevilla, reunió a alrededor de 80.000 personas y sostuvo una transmisión de aproximadamente ocho horas y media. La dimensión se multiplicó en el entorno digital: la emisión simultánea a través de YouTube, Twitch y TikTok registró una media de 6,17 millones de espectadores conectados y un pico conjunto de 8,73 millones.

Para Llobet, sin embargo, el crecimiento también se mide desde un lugar menos visible: cada edición ha requerido una evolución en la manera de diseñar, programar y organizar técnicamente el espectáculo. En 2026, uno de esos cambios fue decisivo: MA Lighting y grandMA3 pasaron a ocupar el centro de la arquitectura de control de iluminación.

Una evolución junto a La Velada

La relación de Toni con la iluminación comenzó mucho antes de los estadios. A los 15 o 16 años ya experimentaba con DMX mientras tocaba en bandas y trataba de entender por su cuenta cómo funcionaban aquellos sistemas. Ese aprendizaje continuaría siendo en gran medida autodidacta también en su acercamiento a la programación y las consolas.

Más adelante estudió cine entre Barcelona y Madrid, especializándose en dirección de fotografía, sin abandonar la música ni la iluminación en vivo. Durante cerca de una década acompañó a Els Catarres, creciendo junto a la banda y trasladando al escenario aquella mirada desarrollada detrás de la cámara. Más tarde llegarían nuevos proyectos y, desde 2025, su propio estudio, consolidando una trayectoria construida precisamente en ese cruce entre técnica e imagen. “Lo que me encanta es hacer arte con la técnica”, resume Llobet.

Con los años, esa combinación también lo llevó a especializarse cada vez más en proyectos multicámara, donde su experiencia a ambos lados —la iluminación y la cámara— terminó definiendo buena parte de su perfil profesional. Actualmente, su trabajo está más orientado al diseño y la dirección de fotografía que a acompañar giras como operador, una evolución que encuentra en La Velada un terreno especialmente particular: allí, lo que ocurre frente a decenas de miles de personas debe funcionar al mismo tiempo para una realización de gran escala.

La Velada apareció en ese recorrido como un salto inesperado. Su llegada al universo de Ibai se produjo en 2021 y, tras participar en algunos proyectos de menor formato, recibió la propuesta de asumir un espectáculo de estadio por primera vez. A partir de entonces, su evolución profesional avanzó prácticamente en paralelo con el crecimiento del evento.

Cada edición dejó aprendizajes técnicos, pero también otros relacionados con realización, producción, escenografía, cámaras y la necesidad de hacer convivir múltiples departamentos dentro de una misma propuesta. Incluso después de terminado el show, Llobet reconoce que continúa revisando durante meses aquellas decisiones que no funcionaron como esperaba, tratando de entender qué ocurrió y cómo podría resolverlas de otra manera en la siguiente edición.

Para él, parte de ese aprendizaje también ha consistido en entender mejor cómo dialogar con realización y con el resto de los departamentos, negociar dónde tiene sentido concentrar los recursos y anticipar cómo cada decisión terminará funcionando dentro del conjunto.

Cuando controlar más ya no es suficiente

La escala alcanzada por La Velada planteó una necesidad diferente. Ya no se trataba simplemente de disponer de una plataforma capaz de manejar un gran sistema. Llobet necesitaba una arquitectura que permitiera distribuir ese control entre varias personas, trabajar simultáneamente y mantener organizada una producción donde diferentes áreas debían avanzar al mismo tiempo.

Su acercamiento a grandMA3 comenzó a tomar forma durante la última edición de ISE en Barcelona, donde pudo conversar con el equipo de MA Lighting sobre la plataforma. Una de las recomendaciones que recibió fue especialmente práctica: antes de pensar en adquirir hardware, debía descargar el software, probarlo y comprobar si realmente respondía a su manera de trabajar.

Lo hizo y encontró una lógica que despertó su interés. A comienzos de 2026 realizó además una formación específica de grandMA3 y comenzó un proceso de aprendizaje que implicaba cambiar hábitos construidos durante años con otros entornos de programación.

No fue simplemente aprender dónde estaba cada herramienta. Había que comprender una nueva filosofía de trabajo.

Lo particular es que Llobet no dispuso de años para hacer esa transición. Apenas unos meses después de comenzar a profundizar en grandMA3, debía llevar esa plataforma a una de las producciones más complejas de su carrera. Y La Velada sería la verdadera prueba.

Seis consolas y dos sesiones simultáneas

El sistema de control de La Velada VI estuvo compuesto por seis consolas MA Lighting, organizadas alrededor de dos sesiones independientes trabajando simultáneamente.

La primera estaba dedicada al núcleo del evento: combates, entradas de los participantes y continuidad general. La segunda estaba destinada específicamente a las actuaciones musicales y permitía recibir a los equipos de los diferentes artistas dentro de un entorno preparado para sus necesidades.

La separación era deliberada. En una producción con numerosos invitados, dar acceso completo al sistema principal no resultaba conveniente. Al mismo tiempo, los diseñadores y programadores de cada artista necesitaban suficiente libertad para construir sus propios shows.

“grandMA3 nos permitió establecer un punto intermedio. El sistema principal conservaba el control general, mientras la sesión destinada a los invitados ofrecía los recursos necesarios para desarrollar cada actuación sin intervenir sobre áreas que debían permanecer bajo responsabilidad del equipo de La Velada”, sin duda, para Llobet, esa capacidad de dividir el control sin aislar completamente las diferentes partes de la producción fue uno de los puntos fundamentales de la nueva arquitectura.

Cuatro programadores trabajando a la vez

Dentro de esa estructura llegaron a trabajar cuatro programadores simultáneamente en una misma sesión. Y fue precisamente allí donde terminó de encontrar uno de los principales valores de grandMA3 para un proyecto de esta escala.

La capacidad multiusuario permitía que diferentes integrantes del equipo avanzaran en paralelo sobre áreas concretas del espectáculo, en lugar de concentrar todo el proceso en una única posición de programación.

Herramientas como Worlds permitieron delimitar los entornos de trabajo, mientras cada programador podía organizar sus propias ventanas y disponer de la información necesaria para su tarea. “Lo veo como una herramienta increíble para trabajar en sesión con un equipo de personas que están todos tocando mesa”, explica Llobet.

“El detalle de las ventanas puede parecer menor frente a las dimensiones de La Velada”, pero para él resume parte de la flexibilidad que encontró en la plataforma. Mientras podía mantener a la vista determinada información de color, temperatura o timecode, cada programador construía un espacio adaptado a su responsabilidad.

El objetivo no era fragmentar el espectáculo, sino conseguir exactamente lo contrario: que varias personas pudieran construirlo simultáneamente manteniendo una misma dirección.

En una producción de ocho horas y media, donde el tiempo disponible para programar dentro del estadio era limitado, esa capacidad de avanzar en paralelo adquirió un valor concreto.

Separar el control general de La Velada de las actuaciones musicales permitía proteger el sistema, pero ambas sesiones debían intercambiar información. Para resolverlo, el equipo creó una comunicación mediante fixtures que daba libertad a los programadores invitados sin entregarles el control completo. “Son como dos sesiones separadas, pero que se comunican entre ellas. Si el artista quiere que el estadio esté rojo, desde su sesión puede pedir rojo, pero nosotros decidimos qué aparatos se ponen rojos y a qué intensidad”, reconoce Llobet.

La misma lógica se aplicó a funciones que, por seguridad, debían permanecer bajo responsabilidad del equipo principal. “Ellos pueden pedir una acción, pero el control sigue estando de nuestro lado”. De esta manera, grandMA3 permitió compartir recursos y necesidades entre equipos manteniendo claramente definidos los niveles de acceso y responsabilidad.

Cabe destacar que detrás de esta estructura hubo un amplio equipo de iluminación, con diferentes roles y responsabilidades que hicieron posible llevar el diseño y la operación a la escala que exigía La Velada. El equipo estuvo integrado por:

Toni Llobet — Director de iluminación y DOP
Lupe Belmonte — Ayudante de DOP sets satélites
Oriol Pino — Director técnico de iluminación
Àlex Alonso — Programador/Operador
Jofre Majoral — Programador/Operador
Paula Dorado — Follow caller / Producción
Xavier Batallé — Programador/Operador
Dani López — Programador/Operador
Sasi García — P3 Programador/Operador
Julio Casielles — Gaffer sets satélites

Meses de trabajo antes de encender una consola

La Velada comenzó a construirse muchos meses antes de llegar al estadio. Llobet empezó a trabajar alrededor de noviembre, primero con reuniones más espaciadas y luego con un ritmo cada vez más intenso. Renders, plantas y previsualizaciones 3D permitieron avanzar con la programación e incorporar al diseño las posiciones de cámara, sus alturas y ópticas para anticipar cómo cada decisión afectaría a los planos de realización.

Sin embargo, todo ese trabajo debía enfrentarse después con las condiciones reales del venue. “Tú tienes un render y unos planos, pero cuando llegas al estadio siempre aparecen cosas que no estaban ahí. Hay que ser muy rápido y muy ágil para buscar soluciones”, asegura Llobet.

La dimensión física del estadio planteaba incluso otro problema: desde una única posición era imposible observar todo lo que estaba sucediendo. Para resolverlo, el propio equipo de iluminación dispuso de un circuito cerrado con tres cámaras, independiente de la realización general, que les permitía supervisar diferentes puntos del venue durante la programación y el espectáculo. “Tenemos nuestro propio circuito cerrado de cámaras para tener ojos a más de un sitio, porque es tan grande que no te sirve con estar en un sitio y ya está”, indica.

A esa realidad se sumaba la propia naturaleza del evento: “La Velada es un formato muy vivo. De repente cambia una entrada o aparece una necesidad que no estaba prevista y tienes que reaccionar”.

Por eso, meses de planificación convivieron con decisiones tomadas prácticamente sobre el terreno. Toni sintetiza esa dinámica desde la experiencia acumulada en las distintas ediciones: “Yo creo que lo que me va a este bolo es el ser rápido, ser ágil y saber cuándo decir que no”. En una producción de esta escala, adaptarse resultaba fundamental, pero también lo era reconocer cuándo una modificación podía comprometer el trabajo del equipo o la estabilidad del show.

Aprender grandMA3 mientras se construía La Velada

La incorporación de MA Lighting tuvo una particularidad: Llobet estaba aprendiendo y profundizando en grandMA3 al mismo tiempo que dirigía el desarrollo de una de las producciones más complejas de su carrera. El cambio de plataforma no implicaba que él asumiera toda la programación, sino que necesitaba comprender su lógica y sus herramientas para poder dirigir al equipo desde otro nivel. “Mis compañeros controlan un montón; la programación es básicamente suya. Pero tengo el nivel perfecto para poder entender lo que hacen, para poder pedir y para poder modificar lo que me interesa modificar”, enfatiza.

Esa forma de trabajo cobró especial importancia con la arquitectura multiusuario planteada para La Velada. Mientras los programadores podían avanzar simultáneamente sobre diferentes áreas, Llobet mantenía la mirada global del diseño y podía intervenir sobre el sistema cuando lo necesitaba. Esa comprensión le permitía entender qué estaba haciendo cada programador y transmitir con precisión lo que necesitaba. De esta manera, grandMA3 no sustituyó el trabajo de dirección, sino que le proporcionó una estructura desde la cual coordinar a un equipo que necesitaba trabajar en paralelo sin perder una misma línea creativa.

La curva de aprendizaje terminó convirtiéndose así en parte del propio desafío: en apenas unos meses, Llobet pasó de comenzar su formación específica en grandMA3 a utilizarla en una producción construida alrededor de seis consolas MA Lighting, dos sesiones simultáneas y cuatro programadores trabajando a la vez. Una primera experiencia con la plataforma que estuvo lejos de producirse en un entorno controlado: llegó directamente en la escala de La Velada del Año VI.

La experiencia terminó confirmando por qué esa arquitectura tenía sentido para La Velada. La complejidad no estaba únicamente en la dimensión del sistema, sino en conseguir que operadores, sesiones y responsabilidades convivieran sin perder una dirección común. grandMA3 aportó precisamente una estructura para organizar esa escala tanto desde lo tecnológico como desde lo humano.

Un flujo preparado para seguir evolucionando

La Velada es, por naturaleza, un evento que difícilmente puede permanecer igual. Cada edición incorpora nuevas ideas, formatos y necesidades, mientras la evolución del streaming y de las herramientas de producción abre posibilidades que pocos años atrás ni siquiera formaban parte de la conversación.

Para Llobet, terminar una edición significa también comenzar a analizar la siguiente. Parte de ese proceso nace precisamente de volver sobre lo ocurrido, entender qué funcionó, detectar aquello que podría haberse resuelto de otra manera y convertirlo en aprendizaje. Apenas unos días después de finalizar esta edición, ya había comenzado a reunir referencias para una posible séptima Velada.

En ese proceso, la experiencia con grandMA3 dejó algo especialmente valioso: un flujo de trabajo que demostró funcionar a la escala real del proyecto. Seis consolas, dos sesiones y varios programadores trabajando simultáneamente permitieron distribuir responsabilidades sin perder una dirección común, pero también establecieron una base sobre la cual seguir experimentando con nuevas formas de controlar y organizar el espectáculo.

En un entorno que evoluciona con la velocidad de las plataformas digitales, esa flexibilidad adquiere especial relevancia. La Velada no es únicamente lo que sucede dentro de un estadio; es también una producción concebida para millones de espectadores que la siguen en directo a través de diferentes plataformas, con lenguajes y dinámicas en permanente transformación. Cada nueva edición obliga al equipo a revisar lo aprendido y explorar hasta dónde puede llevar las herramientas disponibles.

La sexta edición marcó así un nuevo punto dentro de ese recorrido. Con grandMA3 ya probada en las condiciones reales de La Velada, Toni Llobet y su equipo cuentan ahora con una arquitectura de trabajo sobre la cual seguir construyendo, experimentando y respondiendo a nuevas necesidades.

En un evento cuya escala, lenguaje y alcance digital continúan transformándose, el próximo desafío no pasa necesariamente por controlar más, sino por explorar qué nuevas posibilidades pueden surgir de un sistema que ya demostró poder acompañar esa evolución.


Créditos
Cover Photo: Claudia Herran
Inside Photos: La Velada IV YouTube @ibai // La Marga
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