Durante la jornada de InfoComm America Latina On the Road que se realizó en Buenos Aires, Shure puso el foco en un nuevo desafío para los espacios de colaboración: preparar las salas para que la inteligencia artificial reciba información confiable.
Arthur Fabrício, gerente de Desarrollo de Mercado de la marca para América Latina, analizó por qué la calidad del audio, el video y la identificación de los participantes comienzan a formar parte de la infraestructura necesaria para aprovechar las nuevas herramientas de IA.
Cuando la IA también participa de la reunión
La incorporación de inteligencia artificial está modificando silenciosamente la dinámica de las reuniones corporativas. Transcripciones automáticas, resúmenes, asignación de tareas, traducciones, identificación de decisiones y generación de insights comienzan a integrarse al trabajo cotidiano. Pero detrás de todas esas posibilidades existe una condición básica: la IA necesita recibir información suficientemente clara para interpretarla.
AVO
Ese fue el punto de partida de Shure durante su participación en InfoComm América Latina On the Road, producido por AVIXA y realizado en Buenos Aires. Frente a profesionales de la industria AV, Arthur Fabrício planteó una mirada que desplaza la conversación desde las capacidades del software hacia algo que ocurre mucho antes: la captura de la reunión.
«La IA no corrige una captura pobre: infiere a partir de ella. Si la entrada falla, el razonamiento también falla», planteó Fabrício durante su presentación.
Hasta hace relativamente poco, evaluar una sala de videoconferencia significaba principalmente preguntarse si los participantes podían escucharse y verse correctamente. La incorporación de IA agrega ahora otro usuario a esa ecuación: sistemas que procesan las conversaciones para convertirlas posteriormente en información accionable.
Una palabra capturada incorrectamente, una voz atribuida a otra persona o una conversación afectada por ruido y reverberación pueden tener consecuencias que van mucho más allá de una mala experiencia de videoconferencia. Cuando esa información alimenta procesos automatizados, también puede alterar un resumen, una decisión o la asignación de una tarea.
«La diferencia es que ahora no solo nos escuchan las personas: también nos escucha un sistema que va a transformar esa conversación en notas, tareas, decisiones e insights», explicó Fabrício.
De una buena sala a una sala AI-Ready
La presentación de Shure introdujo así el concepto de AI-Ready Room, que no responde a una función específica ni a la incorporación aislada de inteligencia artificial. Se trata de diseñar el espacio considerando desde el comienzo la calidad y consistencia de los datos que posteriormente utilizarán esas herramientas.
La propuesta contempla una captura uniforme de voz y rostro en toda la sala, control del ruido y la reverberación desde su origen, correcta atribución de los hablantes e integración con las plataformas utilizadas por cada organización. También incorpora una variable muchas veces difícil de prever: el comportamiento real de las personas, que se mueven, interrumpen, hablan simultáneamente y no necesariamente utilizan los espacios de la manera ideal imaginada durante el diseño.
«Deja de preguntar qué puede hacer la IA. Empieza a preguntar qué puede escuchar y ver», sintetizó Fabrício.
Este cambio de perspectiva introduce además una cuestión particularmente interesante para integradores y responsables de tecnología: dónde no debería escuchar la inteligencia artificial. Determinar qué zonas deben quedar fuera de la captura también pasa a formar parte del diseño de una sala preparada para estas nuevas aplicaciones.
El audio y el video dejan entonces de funcionar únicamente como soporte de la comunicación entre personas. Se convierten en una capa de entrada de datos que puede alimentar posteriormente sistemas de transcripción, análisis y automatización.
La consistencia se convierte en parte de la infraestructura
El desafío adquiere otra dimensión cuando se traslada de una sala individual a decenas o cientos de espacios dentro de una organización. Utilizar la misma plataforma de IA no garantiza necesariamente resultados equivalentes si las condiciones de captura cambian significativamente entre una sala y otra.
Micrófonos demasiado alejados, aire acondicionado, reverberación, cobertura irregular o voces superpuestas pueden introducir variaciones que después aparecen en las transcripciones y, a partir de ellas, en los procesos generados automáticamente.
«A escala empresarial, la variabilidad de sala deja de ser un tema técnico y se convierte en un riesgo de negocio», advirtió Fabrício.
Es precisamente allí donde Shure posiciona su experiencia histórica en captura de voz dentro de una conversación mucho más amplia. La compañía propone pensar estándares de colaboración según el tipo de espacio —desde salas pequeñas y medianas hasta espacios ejecutivos, aulas o entornos flexibles— buscando mantener una calidad de entrada consistente independientemente de dónde ocurra la reunión.
No se trata, por lo tanto, de agregar IA al equipamiento AV, sino de garantizar que las plataformas que ya incorporan esas capacidades puedan trabajar con información confiable. A medida que herramientas como asistentes, agentes, resúmenes automáticos y sistemas de seguimiento ganan presencia dentro de las organizaciones, la infraestructura física que captura cada conversación adquiere un peso que antes no tenía.
«El audio limpio y el video consistente no son lujos. Son infraestructura para IA», afirmó Fabrício.
La presentación de Shure en Buenos Aires dejó así una pregunta mucho más interesante que la habitual discusión sobre qué podrá hacer la próxima generación de inteligencia artificial. Antes de esperar mejores resúmenes, decisiones automáticas o asistentes más inteligentes, quizás haya que mirar hacia arriba, hacia la mesa y alrededor de la sala, y preguntarse algo bastante más elemental: ¿qué información les estamos dando para trabajar? Para Shure, la respuesta comienza allí: en diseñar salas capaces de escuchar y ver con la precisión que ahora también necesita la inteligencia artificial.




