Estados Unidos – Al regresar por primera vez en 13 años a Austin City Limits, el 9 de octubre, Kings of Leon abrió su repertorio de 20 canciones con “Comeback Story”, de Mechanical Bull, el álbum que encabezó las listas de éxitos y que fue lanzado el mismo año en que la banda actuó por última vez en este icónico festival. Fue uno de los muchos momentos emotivos que cerraron un círculo en el escenario T-Mobile, cuando el cuarteto de Tennessee, ganador de múltiples premios Grammy, volvió a conectar con los fans de Austin y los hizo participar en emotivos coros de clásicos como “To Lose Somebody”.
Sin embargo, ¡esta dinámica actuación no fue en absoluto una mirada al pasado! Como última presentación de una gira cuidadosamente seleccionada para acompañar su actual sencillo exitoso “My Whole World” y su próximo décimo álbum de estudio, O My Beloved, el espectáculo ofreció numerosos detalles adicionales, tanto musicales —una sección de cuerdas, “The Strings of Leon”, que interpretó “The Bronx” y “Amarillo By Morning”— como visuales, gracias al impresionante diseño automatizado de Paul Normandale.
El legendario diseñador de iluminación y producción elevó la actuación de Austin City Limits (¡literalmente!) mediante cinco imponentes estructuras automatizadas de 12 pies por 12 pies de Kinsey Motion Control, que se desplazaban sobre el escenario adoptando una impresionante variedad de configuraciones. Cada estructura concentraba una potente capacidad de iluminación con 12 barras motorizadas COLORado PXL 8 de CHAUVET Professional, además de otros dispositivos de iluminación estroboscópica, todos suministrados por Upstaging.
“Las estructuras fueron una incorporación para nuestra actuación como cabeza de cartel en Austin City Limits”, explicó Normandale, quien trabajó junto con el director creativo Casey McGrath y el diseñador de iluminación Hunter Frith. “Durante este ciclo del álbum hemos estado de gira con un sistema basado en PAR LED. Este espectáculo iba a ser el final y, por eso, queríamos incluir algo especial en el diseño. Consideramos que las estructuras aportarían una dinámica vertical al espectáculo. Añadimos algo extra”.
¡Y vaya si fue algo extra! Creando una coreografía de luz sobre el escenario, las estructuras subían y bajaban, giraban en diferentes direcciones y modificaban sus niveles de intensidad a lo largo del espectáculo. En algunos momentos, ciertas estructuras se apagaban por completo; en otros, dirigían su luz directamente hacia un intérprete. Cada movimiento estaba pensado para reflejar mejor el estado de ánimo de la canción.
Al final, lo consiguieron y, en el proceso, añadieron una dimensión extra e inmersiva a un espectáculo que sin duda quedará en la historia como un clásico de Austin City Limits.




