“Bob Marley: Hope Road”, en Mandalay Bay, Las Vegas (Nevada), da vida a la historia de la leyenda del reggae en un innovador espectáculo que combina música, danza, performance y visuales. Con seis espacios interconectados y un público que se mueve constantemente entre ellos, la producción requiere un sistema de sonido capaz de generar impacto y, al mismo tiempo, desaparecer dentro de la narrativa. Para lograrlo, el veterano diseñador de sonido Jason Pritchard y el integrador Technology West Group recurrieron a Meyer Sound.
Pritchard asumió un doble rol como diseñador de sonido y consultor del proyecto, garantizando que la tecnología estuviera alineada con la visión creativa. “Soy el diseñador de sonido, pero también el consultor en los aspectos constructivos de la producción”, explica. “Puse todo en papel para que pudiera ser licitado, construido y coordinado con los sistemas eléctricos, de climatización y la planificación del espacio, entre otros elementos”.
Esa doble función resultó esencial cuando el concepto original del show tuvo que modificarse debido a las limitaciones estructurales del antiguo espacio, que había sido un buffet. “Pasé de tener un solo sistema principal y algunos elementos auxiliares a seis sistemas de sonido en cinco salas”, señala.
El corto plazo de ejecución añadió más desafíos, según cuenta Andrew Rutkin, vicepresidente de ingeniería de Technology West Group. “Era literalmente un proyecto de seis a nueve meses que tuvimos que completar en tres”. Esa presión temporal influyó en cada decisión, haciendo que la elección de Meyer Sound fuera fundamental. “En primer lugar, los altavoces suenan fantásticos”, dice Pritchard. “Sabíamos que estaríamos con el tiempo justo y que el sistema debía funcionar a la perfección… Meyer Sound suena increíble desde el primer momento. Requiere muy pocos ajustes adicionales para alcanzar el nivel base donde ya podemos comenzar a trabajar sobre el espectáculo”.
El sistema distribuido de Meyer Sound, suministrado por Tech West, incluye 29 altavoces compactos de fuente puntual ULTRA X23, 15 ULTRA-X40 y dos ULTRA-X20, junto con dos altavoces autoamplificados en miniatura MM-4XP y cinco subwoofers compactos USW-112P.
En el reggae, las frecuencias graves sostienen tanto el groove como la fuerza del mensaje, y el diseño del sistema de Hope Road hace tangible esa energía, reforzando los bajos con cinco elementos de control de baja frecuencia 2100-LFC y quince 900-LFC. “En la primera sala, Dancehall, los 2100-LFC están integrados justo debajo del escenario, bajo la plataforma del DJ, así que podés literalmente estar al lado y sentir la energía”, cuenta Pritchard. “En la sala Cathedral también están muy cerca del público. Cuando suena ‘War’, por ejemplo, realmente sentís que estás dentro de la música”. Rutkin coincide: “El sistema de Meyer Sound ha recibido solo elogios, especialmente los 2100-LFC como subwoofers en los principales espacios de presentación. Realmente potencian los efectos emocionales, sobre todo en las escenas más dramáticas hacia el final del show”.
Una de las integraciones más creativas de Pritchard es una microbús Volkswagen en la sala Trenchtown, equipada con altavoces Meyer Sound. Ocultos detrás de la parrilla, los ULTRA-X20 apuntan hacia adelante, mientras que un subwoofer compacto USW-210 está ubicado dentro de la consola central. “La combi tiene su propio sistema de sonido, inalámbrico y todo”, explica. “Los ULTRA-X20 disparan el audio hacia adelante, y el USW-210 apunta hacia el suelo. Tiene que volarte los calcetines… y lo hace”.
El final del espectáculo presenta una enorme pared de video LED 3D acompañada por un diseño de audio inspirado en el sistema Ultra Reflex de Meyer Sound para pantallas direct view. “Cuando Bob empieza a cantar, su voz parece provenir del centro de la pantalla”, comenta Pritchard. “Engaña al cerebro haciéndole creer que el sonido viene de un lugar donde no hay altavoz”.
Todo el sistema multiespacial se gestiona a través de dos plataformas de red Galileo GALAXY 816 y la plataforma digital integrada NADIA de Meyer Sound. NADIA actúa prácticamente como la columna vertebral del show, administrando la reproducción, el ruteo y la distribución de recursos entre las diferentes salas. “NADIA está haciendo muchos trabajos para nosotros”, dice Pritchard. “Gestiona todo el ruteo. También usamos Wildtracks para la reproducción de música y efectos en cada sala… podemos dividir los recursos entre Dancehall, Jamming Tree y Trenchtown para mantener listas de cues separadas y todo organizado. Es genial tener un solo sistema que podemos fragmentar según nuestras necesidades”.
Esa flexibilidad también se extiende a la mezcla y operación. “Todos los micrófonos en vivo se gestionan con una consola D-Live de Allen & Heath”, continúa. “Hay un motor D-Live y una superficie de control en cada sala, lo que permite cinco posiciones de FOH más iPads”.
Trabajar dentro de un ecosistema cohesivo de Meyer Sound permitió al equipo adaptar el sistema a medida que la instalación evolucionaba. “La intención del show va cambiando mientras avanzamos”, explica Pritchard. “Ahí es donde NADIA y toda la infraestructura de Meyer Sound —AVB y Milan— son de gran ayuda. Podemos mover cosas, ajustar tiempos, niveles y ecualización rápidamente, y volver a poner el show en marcha como se necesita”.
Para Rutkin, el verdadero éxito está en que el público nunca piense en el sistema. “Yo sé dónde están todos los altavoces, y aun así, en ningún momento durante el show mi atención se desvió hacia ellos. El equipo de Meyer Sound es tan transparente y neutro que desaparece en el entorno y te permite concentrarte en el artista, el canto y la danza. Ese es siempre el objetivo”.




