¿Cómo puede diseñarse la iluminación urbana para adaptarse de forma flexible a distintos usos, generar una sensación de seguridad, minimizar el impacto ambiental y, al mismo tiempo, crear una experiencia situada que conecte emocionalmente? Este fue el eje de una conversación entre Ulrike Brandi, reconocida diseñadora de iluminación a nivel internacional, y el profesor Dr. Thomas Römhild, de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Wismar. Ambos comparten una convicción: la clave para un diseño de iluminación sostenible y centrada en las personas es la dinámica.
La luz natural es dinámica: cambia con la hora del día, las estaciones y el clima. Este principio, sostienen, debe trasladarse a la iluminación artificial. “Necesitamos la variación que encontramos en la naturaleza”, afirma Ulrike Brandi. Los conceptos rígidos de iluminación ya no responden a las exigencias del diseño urbano contemporáneo. En cambio, la luz debe entenderse como un elemento cambiante, sensible al uso, al lugar y al tiempo.
El profesor Römhild hace referencia al proyecto de investigación europeo “Dynamic Light”, desarrollado en parte en la Universidad de Wismar. “Examinamos cómo los escenarios de iluminación exterior pueden adaptarse a diferentes usos, de forma similar a cómo se utilizan escenas de luz en interiores”, explica. Los resultados fueron claros: se necesitan tanto sistemas adaptativos que reaccionan al movimiento o a situaciones, como conceptos proactivos que crean atmósferas intencionalmente.
Brandi comparte un ejemplo práctico: en los Países Bajos, es común que en los carriles bici de larga distancia la iluminación se intensifique solo cuando se acercan ciclistas. Una especie de “ola de luz” los acompaña: eficiente en energía, segura y adaptada a la necesidad. En Hamburgo, se equipó un campo deportivo con un simple sistema de timbre: al presionarlo, se activa la luz por 30 minutos y luego se apaga automáticamente; una solución de bajo umbral con gran efecto.
Hoy, la iluminación pública debe ir más allá de garantizar la visibilidad. Temas como la biodiversidad, la contaminación lumínica y la protección del cielo oscuro cobran cada vez más relevancia. Para Römhild, integrar la planificación de la luz y la oscuridad es esencial: “Trabajamos con planes maestros de oscuridad para identificar zonas que deben mantenerse oscuras, ya sea para proteger la vida silvestre o para fomentar la experiencia de la oscuridad natural”. Brandi también resalta la calidad estética de la oscuridad nocturna: caminar por un bosque oscuro, dice, puede ser más reparador que cualquier instalación luminosa, si reaprendemos a confiar en nuestra propia percepción visual.
Otro tema clave es la participación. El diseño moderno de iluminación involucra activamente a los usuarios, no solo para garantizar la aceptación, sino también para generar conciencia sobre la luz en los espacios urbanos. La participación ciudadana, como se observa en muchos proyectos financiados con fondos públicos, amplía perspectivas y contribuye a soluciones específicas para cada lugar.
La luz no solo garantiza visibilidad: también crea identidad. Cuando una plaza, una fachada o un parque están iluminados de forma atmosférica, se mejora la orientación, la percepción de seguridad y, en el mejor de los casos, se fortalece el vínculo emocional con el propio barrio. La luz se convierte en un medio de la memoria urbana.
Otra cuestión central en el diseño de iluminación urbana es la revisión de las normas existentes. Las directrices estrictas sobre niveles de iluminancia, especialmente en vías de tráfico, suelen basarse en infraestructuras obsoletas. “Hoy disponemos de fuentes de luz mucho más eficientes, como los LED”, explica Ulrike Brandi. “Pero en muchos lugares simplemente se mantienen las distancias existentes entre postes y se instalan luminarias más potentes”. El resultado: ciudades sobreiluminadas, cuando niveles de luz más bajos y uniformes serían más funcionales y respetuosos con el medio ambiente.
El profesor Römhild mira hacia el futuro con sistemas de iluminación controlados por inteligencia artificial. En el proyecto Dynamic Light se exploraron ideas iniciales para vincular la luz dinámicamente con factores externos como horarios de autobuses o escolares. Con inteligencia artificial, estos sistemas podrían responder de forma aún más sensible, por ejemplo, a las condiciones meteorológicas, la densidad del tráfico o la actividad social en los espacios públicos. La iluminación del mañana será conectada, adaptativa y con visión de futuro, sin perder la calidad sensorial de la luz.
Iluminación dinámica en Light + Building 2026.
El diseño lumínico entre la función, la emoción y la viabilidad futura será también un tema central en Light + Building 2026. Bajo el lema principal “Living Light”, la feria líder mundial que se celebrará del 8 al 13 de marzo de 2026 en Frankfurt am Main destacará cómo la iluminación puede definir espacios, crear atmósferas y promover el bienestar. Se pondrá el foco en sistemas de iluminación adaptativos, Human Centric Lighting (HCL) y tecnologías de control inteligentes que respondan tanto a demandas estéticas como funcionales. Los expositores presentarán soluciones pioneras para entornos interiores y exteriores, demostrando cómo los conceptos de iluminación preparados para el futuro combinan calidad de diseño con inteligencia tecnológica.




