Seis profesionales de la iluminación, una producción para 64.000 personas y una forma de trabajo donde las decisiones dejaron de pertenecer a una sola persona. Para el show de José Madero en el Estadio GNP, el colectivo HexaLighting construyó un workflow colaborativo en el que diseño, programación y operación avanzaron como partes de un mismo proceso. En el centro del sistema, una arquitectura ChamSys encabezada por una MQ500+ permitió trasladar esa dinámica colectiva al control de una producción de gran escala.
Un estadio obliga a pensar de otra manera. Las dimensiones cambian, las cantidades de equipos crecen y cada decisión tomada durante el diseño termina multiplicándose cuando llega el momento de convertirla en un espectáculo frente a decenas de miles de personas.
Para el show de José Madero en el Estadio GNP de Ciudad de México, el desafío adquirió además una característica particular: detrás del diseño y la programación no habría una única mirada, sino un grupo de profesionales acostumbrados a ocupar diferentes posiciones dentro de la industria y dispuestos, esta vez, a construir el proyecto en conjunto.
Así, lo que inicialmente podía representar la responsabilidad de llevar un show a escala de estadio terminó convirtiéndose también en la oportunidad para consolidar HexaLighting, un colectivo integrado por seis profesionales que decidió repartir tareas, conocimientos y responsabilidades alrededor de un mismo objetivo.
La plataforma de control debía responder a esa misma lógica. ChamSys, con una MQ500+ como consola principal, una MQ250 como respaldo y unidades MQ70 destinadas a diferentes funciones, se convirtió en parte central de un workflow diseñado para que la complejidad tecnológica no interfiriera con la dinámica del equipo.

Seis miradas para construir un mismo show
HexaLighting no nació específicamente para este concierto. La idea de reunir experiencias y conocimientos venía circulando desde antes entre sus integrantes, algunos de los cuales se conocían y habían compartido diferentes instancias profesionales. Pero fue la dimensión del proyecto de José Madero la que terminó convirtiendo aquella conversación en una forma concreta de trabajo.
Diego Reyes, quien comenzó en la industria como stage hand en 2007 y posteriormente se desarrolló como técnico y programador de iluminación, resume el espíritu con el que asumieron el proyecto: “Nuestra idea del colectivo es todo el conocimiento que nosotros tenemos, sumarlo para entregar un producto de calidad y un show que esté en las grandes ligas”.
La decisión implicaba abandonar una lógica basada en protagonismos individuales. Cada integrante podía aportar desde el área en la que tenía mayor experiencia y, al mismo tiempo, someter sus decisiones a la mirada de otros cinco profesionales.
Delher López, con 25 años dentro de la industria y experiencia también en cine y televisión, lo plantea desde esa complementariedad: “Cada uno de nosotros tenemos algo que suma. Unos tenemos más experiencia en ciertas áreas y todas esas las conjugamos. Creo que sumar, más que talento, es sumar profesionalismo, experiencia, para que cada una de esas experiencias dé un solo resultado”.
Las responsabilidades se distribuyeron de acuerdo con esas fortalezas. Marcos Rubio llevó la dirección del trabajo desarrollado en estudio; Edgar Loredo estuvo al frente de la producción y del desarrollo inicial del concepto; Ignacio González trabajó especialmente sobre los planos en Vectorworks y apoyó la programación; Delher López aportó desde la asesoría técnica y la visualización; Uriel Pérez intervino en hardware, posiciones y programación; mientras Diego Reyes y Alfredo “Tacho” Reséndiz Reyes participaron en el trabajo de programación.
Más que dividir el proyecto en compartimentos, la intención fue construir un sistema donde las diferentes especialidades pudieran revisarse entre sí. Un diseño debía ser visualmente potente, pero también comprensible para quien posteriormente tendría que montarlo, conectarlo, programarlo y operarlo.
Cuando video e iluminación debían hablar el mismo idioma
El punto de partida creativo llegó desde el propio artista. José Madero planteó qué esperaba del espectáculo a nivel general, especialmente en relación con el peso que debía tener el contenido visual, y a partir de allí dejó el desarrollo en manos del equipo.
“Quería un tema de video que saltara por encima de todo, pero que hiciera match con el tema de iluminación. Que no se viera la pantalla sola y la iluminación aparte, como dos conceptos diferentes”, explica Edgar Loredo.
El concepto comenzó a tomar forma en el visualizador, a partir de diferentes pruebas y diseños que fueron evolucionando mediante el intercambio entre los integrantes del colectivo.
La escala del Estadio GNP convirtió esa integración en uno de los grandes desafíos. Frente a aproximadamente 64.000 personas, no bastaba con construir dos sistemas visualmente impactantes: video e iluminación tenían que percibirse como partes de una misma imagen.
Para Delher, su experiencia en cine y televisión aportó precisamente otra manera de observar esa relación. Su trabajo se concentró también en temperaturas, cámaras, pantallas y contraste, buscando que el impacto del diseño no terminara relegando al artista dentro de la composición visual.
Loredo pondera el reto desde la propia magnitud del montaje: “Por las dimensiones y las cantidades de equipo se vuelve un reto. Es demasiado plano de video, demasiadas lámparas y lograr conjuntar y programar todo eso se me hace un reto importante”.
El show incorporó además un cambio de lenguaje hacia el final de la pasarela, donde se desarrolló un set acústico de siete canciones que funcionó como un quiebre respecto de la escala visual predominante en el resto del espectáculo.

Diseñar también para lo que no puede controlarse
La planificación previa encontró inevitablemente nuevas variables al llegar al estadio. Una de ellas fue el viento. Parte del diseño incluía estructuras con motores de velocidad variable que debían desplazarse cerca de las pantallas. Las corrientes de aire propias de un venue abierto obligaron a revisar distancias durante el montaje para garantizar una operación segura.
Ignacio recuerda que fue necesario trabajar junto a los riggers y modificar posiciones: algunas estructuras debieron desplazarse alrededor de 50 centímetros respecto de lo previsto para evitar riesgos durante sus movimientos.
El viento también condicionó otro elemento esencial para la percepción del diseño: el haze. Conseguir la densidad necesaria para hacer visible la iluminación sin saturar el espacio ni interferir con el video exigió encontrar un equilibrio en un estadio donde las corrientes de aire eran constantes.
Para Marcos Rubio, ese fue uno de los retos que solo podían resolverse realmente en el lugar. El objetivo era conseguir la atmósfera necesaria para la iluminación sin generar una masa de humo que terminara restándole protagonismo al artista o al contenido visual.
La primera confirmación de que meses de decisiones estaban funcionando llegó cuando comenzó a correr la primera canción. “Desde el momento en que corrió la primera canción, que empezó el intro, desde ahí fue como que todos dijimos: estamos aquí, lo logramos y está corriendo”, recuerda Rubio.
Loredo tuvo otra referencia: ver finalmente la captura del espectáculo y comprobar cómo se comportaban conjuntamente los sistemas. “Cuando pude ver en video lo que estaba sucediendo fue cuando dije: lo estamos logrando, porque hay un match perfecto entre iluminación y video”.
ChamSys en el centro del workflow
La dimensión del espectáculo necesitaba una arquitectura de control capaz de responder tanto a la cantidad de información como a la distribución de tareas planteada por HexaLighting.
El sistema se construyó alrededor de una MQ500+ de ChamSys como consola principal, desde donde Marcos Rubio corrió el show. Una MQ250 funcionó como respaldo, mientras una MQ70 se utilizó para el sistema de seguimiento y otra posición de control se destinó al manejo del haze y efectos. La señal se gestionó mediante red, integrando las diferentes funciones dentro del workflow.
La programación desarrollada previamente en estudio encontró así continuidad al llegar al estadio. Visualización, planos y archivos preparados durante las semanas anteriores permitieron trasladar buena parte de esa estructura al sistema definitivo, aunque la escala real del venue obligara posteriormente a realizar ajustes. La sincronización mediante SMPTE/timecode se sumó a ese flujo para articular las secuencias programadas con el desarrollo del espectáculo.
Para Rubio, una de las principales ventajas durante la programación estuvo en la rapidez con la que podía pasar de una idea a su ejecución.
“Para mí es la practicidad con la que generas un efecto y la manera tan rápida y sin complicaciones en la que lo haces. Es muy cómoda, muy práctica, muy rápida y hay varias maneras de hacerlo”, comenta.
Ese último punto resultó particularmente útil para un colectivo formado por programadores con experiencias y métodos diferentes. ChamSys no imponía un único camino para construir una acción: cada uno podía utilizar la lógica que mejor se adaptara a su manera de trabajar y llegar al resultado buscado. En un proyecto basado precisamente en sumar distintas formas de pensar, esa flexibilidad permitió conservar la dinámica individual de los operadores dentro de un mismo entorno de programación.
Ignacio González encontró esa misma filosofía trabajando desde una MQ70. Después de cerca de dos décadas vinculadas a la iluminación y de haberse especializado progresivamente en consolas, destaca especialmente la capacidad de resolver distintas necesidades directamente desde la plataforma.
“La misma consola te da esa potencia de poder abrir bastantes universos y no dependes de otro aparato”, señala.
En una producción de esta escala, reducir pasos innecesarios y mantener una lógica de operación accesible no era simplemente una cuestión de comodidad. Era parte de la eficiencia necesaria para que diferentes áreas pudieran avanzar sin perder tiempo resolviendo complejidades añadidas por el propio sistema de control.

Diferentes consolas, una misma lógica de operación
Uriel Pérez, con más de 22 años de experiencia profesional, participó en hardware, programación de posiciones y posteriormente en el control vinculado al humo en escena. Desde esa función, uno de los aspectos que destaca es la sencillez: “En la cuestión de la red, hacer una red de comunicación de FOH a escenario es muy simple. No es tan complejo crear la red. La configuración fue muy rápida”, explica.
El manejo de los efectos mantuvo además una lógica similar a la utilizada para otros dispositivos, trabajando fundamentalmente sobre niveles de ventiladores y salida de humo.
Alfredo “Tacho” Reséndiz Reyes llegó al proyecto con alrededor de dos décadas dentro de la industria y una experiencia previa directa con ChamSys. Aproximadamente un año antes había adquirido una MQ250, después de acercarse a la plataforma por recomendación de otros colegas y conocerla con mayor profundidad.
“Desde que vi la 250 me enamoré de ella. La empecé a usar y me gustaron muchas cosas, la practicidad más que nada; puedes hacer muchas cosas muy rápido”, reconoce.
Su experiencia refleja también algo que atravesó el proyecto completo: cada integrante llegaba con hábitos, recorridos y maneras diferentes de resolver un show. El objetivo de HexaLighting no fue uniformar esas experiencias, sino encontrar una plataforma y un flujo que permitieran aprovecharlas.

El soporte como parte del sistema
La arquitectura técnica planteó también desafíos antes de llegar al estadio. Uno de ellos fue conseguir que los diferentes modelos trabajaran correctamente dentro del esquema previsto y que las consolas principal y de respaldo pudieran responder a las dimensiones del sistema.
Alberto García, desde el soporte técnico de ChamSys, acompañó ese proceso desde la preparación previa, trabajando junto al equipo sobre configuraciones y librerías y resolviendo las necesidades que aparecían a medida que avanzaba la programación. Uno de los puntos centrales fue llevar tanto la MQ500+ como la MQ250 a una configuración de 128 universos y establecer correctamente la relación entre ambas para que la segunda pudiera asumir su función de respaldo dentro de la arquitectura planteada.
Ese acompañamiento continuó durante las jornadas de programación y llegó hasta la ejecución del espectáculo.
“Lo principal para la marca es que operadores y programadores estén lo más cómodos posible con la consola, tanto en la programación como en la operación, y que en la ejecución del show no tengan ningún contratiempo”, asegura Alberto.
Desde el otro lado, Rubio convierte esa idea de soporte en algo mucho más concreto. Durante la preparación, las consultas podían aparecer en cualquier momento, incluso durante largas jornadas nocturnas de estudio.
Según recuerda, Alberto llegó a acompañarlos personalmente hasta altas horas para resolver dudas, configuraciones y librerías. “Si a mí me piden recomendar, siempre voy a decir: fíjate en el soporte”, afirma.
En un proyecto construido alrededor de seis maneras diferentes de trabajar, ese acompañamiento adquirió una importancia particular. No se trataba solamente de que el hardware respondiera, sino de conseguir que quienes debían programarlo y operarlo pudieran concentrarse en el espectáculo.

Un colectivo que funciona como tal
Cuando terminó el show, el resultado no pertenecía exclusivamente al diseño, a la programación ni a una consola. Era consecuencia de haber conseguido que esas partes funcionaran juntas.
El feedback llegó también desde el escenario. Loredo recuerda a los músicos especialmente entusiasmados y a José Madero siguiendo el proceso desde su particular manera de involucrarse: planteando inicialmente sus ideas y dejando luego al equipo desarrollar el espectáculo, interviniendo nuevamente cuando encontraba algún elemento que necesitaba revisarse.
Para HexaLighting, sin embargo, la experiencia dejó algo que iba más allá de aquella noche.
Trabajar entre seis profesionales significó exponerse permanentemente a otras maneras de resolver los mismos problemas. Diego Reyes lo considera parte del propio crecimiento que produjo el proyecto: “Estar los seis nos ayuda a crecer también profesionalmente, porque a lo mejor yo tengo una idea de cómo se hacen las cosas y veo cinco formas de trabajar. Eso profesionalmente e individualmente también me ayuda mucho a crecer”.

En una industria donde la tecnología avanza constantemente, esa capacidad de intercambiar conocimiento se convirtió para ellos en una herramienta tan importante como cualquiera de las utilizadas durante el show.
La experiencia tampoco fue planteada como un encuentro aislado alrededor del show de José Madero. Para sus integrantes, HexaLighting nació con la intención de continuar desarrollando proyectos en conjunto, llevando esa suma de especialidades a nuevas producciones y adaptando la dinámica del colectivo a los desafíos que aparezcan. En ese sentido, el Estadio GNP funcionó también como una primera demostración de hasta dónde podía llegar esa forma de trabajo cuando debía enfrentarse a una producción de gran escala.
Y el proyecto demostró que esa filosofía podía sostenerse cuando la escala aumentaba. La arquitectura de ChamSys permitió acompañar el proceso desde la programación hasta la operación, distribuir funciones entre diferentes consolas y ofrecer al equipo una plataforma desde la cual ejecutar un espectáculo construido, precisamente, desde la suma de distintas experiencias.
Edgar Loredo encuentra quizás la definición más precisa de lo que ocurrió detrás del escenario: “Este grupo no pregona la colectividad y no pregona ser un colectivo: lo hace y funciona como un colectivo. Hay un respeto total por la opinión y el trabajo de cada quien”.
En el Estadio GNP, esa manera de trabajar encontró su primera gran prueba. Seis profesionales, una misma dirección y un ecosistema ChamSys capaz de acompañar un workflow donde la tecnología debía hacer exactamente lo mismo que las personas: integrarse, comunicarse y funcionar como parte de un todo.
Créditos
Fotografía de portada: LATAM STAGE
Fotografías interiores: HexaLighting – LATAM STAGE
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