GLP lleva a Bad Bunny al cielo de Buenos Aires con la potencia de sus Mad Maxx.

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Las luminarias de GLP fueron protagonistas en el paso de Bad Bunny por Buenos Aires, aportando potencia, escala y una estética visual impactante en el Debí Tirar Más Fotos Tour. Con Mad Maxx dominando el cielo y JDC2 construyendo la dinámica del show, el diseño de iluminación acompañó cada momento con precisión y carácter.

Cuando Bad Bunny aterrizó en Buenos Aires con el Debí Tirar Más Fotos Tour, el Estadio Monumental dejó de ser un simple venue: se transformó en un entorno vivo, en movimiento constante, donde cada haz de luz iba a definir el espacio.

No había un único punto de atención, ni una sola dirección posible: todo el entorno estaba activado, pensado para sostener una experiencia a escala masiva sin perder el pulso emocional que define al artista.

En ese entorno —entre lo gigante y lo íntimo— la iluminación asumió un rol silencioso pero decisivo. Y las luminarias de GLP se integraron como una herramienta clave.

Detrás de ese diseño está Marcus Jessup, un nombre que hoy se vincula con una de las giras más grandes del circuito global, pero cuyo recorrido empezó mucho antes, lejos de los estadios. “Comencé a trabajar con iluminación a los 14 años en la iglesia”, recuerda el LD. “Era un espacio bastante grande, así que podía involucrarme en prácticamente todos los aspectos de la producción”. Ese primer contacto no fue parcial, fue total. No se trataba solo de aprender, sino de entender cómo cada decisión técnica impacta en lo que sucede en escena.

Ese camino temprano lo llevó a estudiar iluminación teatral en Indiana State University y luego a continuar su formación en Full Sail University, en Orlando, donde profundizó en producción de espectáculos. En paralelo, el circuito de clubes nocturnos le dio otra dimensión: la de la respuesta inmediata del público, la del ritmo, la de la energía. Poco después, con apenas 17 años, se mudó a Miami para trabajar con Everlast Productions. “Durante ese tiempo pude ganar experiencia en prácticamente todos los aspectos de la iluminación”, explica, “Y allí se terminó abriendo la puerta al mundo del touring”.

Lo curioso es que nada de esto formaba parte del plan original. “Irónicamente, la iluminación era mi plan B”, admite. “De chico quería ser jugador de béisbol. Cuando eso no funcionó, supe inmediatamente que quería tomar la iluminación en serio” reconoce con una sonrisa, y seguro de haber elegido lo correcto.

El Debí Tirar Más Fotos Tour marca un punto de inflexión en esa trayectoria. “Sin dudas, Bad Bunny es el mayor hito hasta ahora. Aunque en los últimos tres años diseñé muchas giras, esta es, por lejos, la más grande”. No se trata solo del tamaño de la producción, sino del significado que tiene formar parte de un proyecto que, como él mismo señala, trasciende lo individual. “Siempre fue un objetivo diseñar shows de gran escala antes de los 30. Estoy agradecido por cada oportunidad. Aunque llevo una década en la industria, todavía siento que esto recién empieza”.

Un proyecto. Una elección.

El proceso creativo no parte de la iluminación. Parte del escenario. “Para mí, todo comienza con el stage. A partir de ahí puedo hacer mi trabajo como diseñador de iluminación. Desde ese punto inicial, el diseño del tour se construyó a partir del universo emocional del álbum Debí Tirar Más Fotos, buscando una estética capaz de moverse entre extremos. Quería que el diseño se sintiera atmosférico, algo que pudiera pasar de momentos masivos a otros más íntimos”.

Esa dualidad se convierte en el eje del show: momentos donde la luz casi desaparece, dejando que el espacio genere tensión, y otros donde todo se expande y ocupa la totalidad del estadio.

La música de Bad Bunny, con su energía particular y su fuerte conexión con el público, fue determinante en esa construcción. “Sabía que necesitaba luminarias muy potentes para empezar”, comenta Jessup. “Y sabía que sería un show muy colorido, así que el atractivo visual era un factor clave. Pero diseñar para un estadio implica cambiar la lógica habitual. En un estadio todo es diferente. Hay oportunidades para grandes looks, pero también para momentos íntimos cuando el artista lo requiere”.

Ese equilibrio —entre impacto y cercanía— es lo que sostiene la narrativa del espectáculo.

En ese contexto, la elección de las herramientas no fue casual. “Necesitaba algo grande, poderoso y único”, resume. Con esa idea en mente, recurrió a dos luminarias de GLP que se convirtieron en pilares del diseño: el Mad Maxx y el JDC2. “He tenido una gran relación con GLP a lo largo de los años, así que los elegí sin pensarlo demasiado”.

El gigante Mad Maxx define la escala del show. No es solo una fuente de luz, es un elemento que transforma el espacio.

“Es una luminaria relativamente nueva en el mercado y quería algo fresco. Su impacto se vuelve evidente en los momentos donde los haces se proyectan hacia el cielo, extendiendo el espectáculo más allá del escenario. Ese gran beam apuntando hacia el cielo muestra realmente el poder del diseño”. Aunque el público no siempre percibe los detalles técnicos, el efecto es innegable. “La mayoría de la audiencia simplemente ve muchas luces. Pero como diseñador sé que tiene un impacto enorme. Es el haz más fuerte del rig y atraviesa a cualquier otro fixture del diseño”.

Por detrás, el JDC2 aporta otra capa de lenguaje. Si el Mad Maxx establece la presencia, el JDC2 construye el ritmo.

“Jugó un papel enorme en la energía del show”, asegura Jessup. “No es solo un estrobo, también es una fuente de wash muy potente y flexible”. Su capacidad de control por zonas permite generar movimiento interno, creando patrones y dinámicas sin depender únicamente del movimiento físico de las luminarias. “Eso nos permitió construir capas dentro de una misma luminaria”, indica Marcus. A lo largo del show, su presencia es constante, adaptándose tanto a los momentos de mayor intensidad como a aquellos más contenidos. “Fue esencial durante todo el show. Nos permitió crear siluetas fuertes y también momentos”.

Sin embargo, hay una decisión que atraviesa todo el diseño: “La idea es que la iluminación apoye la narrativa, no que la domine. Muchas veces, los momentos clave son los más tranquilos”.

Más que luz, una visión que trasciende.

Después de un proyecto de esta magnitud, Jessup no se detiene en el rol que lo trajo hasta acá. “No me considero solo un Lighting Designer”, afirma. “Soy un diseñador. Esa visión se proyecta en Moving Through Space (MTS), el colectivo creativo que está desarrollando y que busca expandir su trabajo más allá de la iluminación. El mundo va a conocer ese nombre pronto”, anticipa con un entusiasmo que se nota.

Su motivación también tiene una dimensión más profunda. “No hay muchos afroamericanos en este espacio. Eso me da aún más motivación para buscar la excelencia todos los días”. En ese sentido, su trabajo no solo se mide en resultados técnicos o visuales, sino en el impacto que puede generar hacia adelante. “Siempre supe desde joven que iba a estar acá”, concluye. “Y quiero mostrarle a la próxima generación que todo es posible si realmente te lo propones”.

En el Debí Tirar Más Fotos Tour, esa visión se construye en cada decisión, donde la tecnología y el diseño se alinean para sostener una experiencia que se siente tanto como se ve.

Y en ese recorrido, la luz encuentra su verdadero protagonismo: la versatilidad y potencia del JDC2 aportan ritmo y profundidad, mientras que la escala y el carácter disruptivo de los Mad Maxx de GLP elevan el espectáculo a otra dimensión, llevando el impacto visual más allá del escenario.

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