AYRTON, la visión luminosa de Yvan Peard.

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En una industria donde la luz se multiplica, AYRTON se planta con carácter propio.  Tecnología de avanzada, diseño con identidad y una filosofía clara: no seguir tendencias, sino crearlas.  Al frente, la mente inquieta de Yvan Peard, un visionario que convirtió su obsesión por la luz en una marca que hoy define el rumbo.

En medio del vértigo tecnológico y la avalancha de nuevas luminarias, AYRTON se destaca por algo que no se fabrica: una visión. Coherente, arriesgada y con firma propia, ha sabido construir un camino donde cada luminaria cuenta una historia.

Detrás de esa coherencia hay una obsesión constante con el detalle, con la innovación real y con una visión que nació mucho antes que la marca: la de su fundador, Yvan Peard, una mente que ve en la luz no solo una herramienta, sino un lenguaje.

Nacido en Francia, en un entorno profundamente marcado por la ingeniería y la innovación, Peard creció desarmando objetos para entender cómo funcionaban. “Desde pequeño tuve una fascinación por saber cómo funcionaban las cosas”, cuenta. Y eso lo llevaría décadas más tarde a convertirse en uno de los pioneros del uso del LED en el entretenimiento, pero el camino hasta allí fue todo menos simple.

En sus años de infancia quedó cautivado por el cine, y en su adolescencia lo hipnotizó el mundo de las discotecas. “Las luces, el sonido, el ambiente… todo ese universo me atrapó”. La pasión por la mecánica, el diseño y la tecnología no tardó en fusionarse con su amor por la escena, y así empezó a gestarse lo que sería su motivo de vida.

La historia se empezó a escribir en una sala de cine, cuando Yvan tenía apenas siete años. “Fue una revelación. El cine me sigue apasionando 60 años después”, confiesa. Esa conexión temprana con la imagen, la atmósfera y la emoción proyectada en pantalla encendió una chispa que nunca se apagó.

Hoy, además de ser un referente en iluminación, Peard es un cinéfilo empedernido, con una colección de películas interminable y su propio sistema de catálogo, que alimenta a diario como un ritual para desconectarse. “Es mi manera de volver a las fuentes”, dice. Porque en cada luminaria que diseña también hay algo de encuadre, narrativa y atmósfera: la luz como lenguaje visual, casi cinematográfico.

A los 14, el descubrimiento fue otro: las discotecas. En esos espacios llenos de luces vibrantes y música envolvente, encontró algo más que diversión nocturna. “Me fascinaba la combinación de luces, sonido y ambiente. Tanto, que abandoné la escuela para explorarlo de lleno”, recuerda con una sonrisa pícara. Así empezó su recorrido por un universo donde lo técnico y lo sensorial conviven en escena.

El primer paso formal lo dio en 1981, cuando ingresó a Ever Radio Violette France, una distribuidora de proyectores. Durante más de una década, Yvan Peard recorrió el mundo de la distribución, representando marcas prestigiosas, aprendiendo desde adentro los movimientos de una industria que por entonces empezaba a transformarse.

Pero algo no terminaba de encajar. “Siempre tuve una inclinación por crear, por diseñar. Había un punto en el que solo vender productos de otros ya no era suficiente”, reconoce.

Antes de fundar AYRTON, Yvan acumuló una extensa trayectoria como distribuidor. Fue representante de marcas como Coemar y High End Systems, aunque con el tiempo esas experiencias comenzaron a resultarle restrictivas.

En realidad me limitaron y no me permitieron lograr realmente lo que quería”, confiesa. Fue esa insatisfacción la que lo empujó a romper el molde y a emprender el camino hacia sus propias creaciones.

Tras años como distribuidor de varias luminarias, ya se encontraba insatisfecho con su rol en la industria. En ese contexto, una empresa china le ofreció fabricar una copia mejorada de una cabeza móvil popular en ese momento.

La propuesta era tentadora, pero él la rechazó. ¿La razón? No quería clones. “No me interesaban los clones, estaba decidido a crear mis propios productos”, explica. Ese deseo de innovación auténtica lo llevó a diseñar los primeros prototipos EasyColor y EasyColor 2, pioneros en el uso de LED, aunque todavía limitados en intensidad.

La necesidad de ir más allá fue tomando forma, hasta que la frustración con ciertos proveedores se convirtió en impulso. “Sentí que tenía que hacer mis propios productos si quería lograr lo que imaginaba”, relata.

Así nació AYRTON, una marca con nombre propio, cargado de admiración y propósito: un homenaje a Ayrton Senna, el piloto que representaba para él la mezcla perfecta entre técnica, emoción y visión.

El nombre quedó registrado como homenaje a su ídolo y una declaración de principios.

La fundación de AYRTON no solo respondió a una necesidad técnica, sino también a un impulso profundamente personal. “Si quieres ser especial, tienes que hacer algo especial”, admite Peard.

Pero el nacimiento de AYRTON no estuvo exento de tropiezos. En 2001, apenas iniciada la nueva etapa, un conflicto con un fabricante de Europa del Este obligó a Yvan Peard a cortar relaciones de forma abrupta y replantear todo el negocio desde cero. “Fue un golpe inesperado. Tuve que reconstruir el proyecto desde las ruinas”, admite.

Esa experiencia marcó una bisagra: consolidó una filosofía basada en la resiliencia, la independencia tecnológica y una obsesión casi artesanal por la calidad. El camino, sin embargo, no fue una línea recta.

En 2008, la empresa estuvo al borde del cierre y Peard atravesó momentos de gran incertidumbre junto a su socio Xavier. Tras varios intentos fallidos de asociación, volvió a confiar en Golden Sea, una decisión que resultaría crucial. “WildSun fue el primer producto que hicimos con ellos”, recuerda. Y sería ese modelo el que, poco después, cambiaría el rumbo: en Berlín, el WildSun 500C se impuso en una comparativa ante luminarias de primera línea, gracias a su sistema óptico desarrollado en Francia, su mayor superficie de emisión y una temperatura de color nativa más cálida, y se convirtió en la luminaria elegida para la gira de Bruce Springsteen.

Desde entonces, la evolución de AYRTON fue tan firme como imparable. De una start-up con ambiciones locales, pasó a convertirse en un actor global de peso.

Entre los hitos más emblemáticos figura la participación en la gira mundial de Céline Dion en 2008, la incorporación en los shows de Bruce Springsteen en 2012 y, sobre todo, el lanzamiento del revolucionario MagicPanel 602 en 2013. “Fue una pieza clave para mostrarle al mercado lo que AYRTON podía hacer. Técnica y visualmente, marcó una diferencia”, señala Peard con orgullo.

La consolidación de AYRTON como marca innovadora se cimentó con logros concretos. El éxito internacional del MagicPanel 602 no solo elevó la vara en términos de diseño y prestaciones, sino que introdujo una óptica de colimación que permitía generar haces de luz increíblemente estrechos, difíciles de replicar por otras marcas. “Fue una verdadera revolución. Esa óptica protegió nuestro negocio, porque nadie podía igualarla fácilmente”, destaca Yvan.

Ese desarrollo marcó, también, un punto de inflexión en la historia de la compañía. En 2012, AYRTON desembarcó con fuerza en el mercado estadounidense de la mano de Morpheus, lo que disparó la demanda global y posicionó a la marca como líder creativa. “Pasamos de ser casi desconocidos a que todos quisieran trabajar con nuestros equipos. Fue el antes y el después que tanto habíamos buscado”, recuerda.

La validación llegó de la mano de los grandes. “Nos eligieron porque nuestra luminaria tenía una superficie mayor y colimadores especiales que mejoraban el zoom”, revela sobre la decisión de Bruce Springsteen.

 Más tarde, una solicitud inesperada para un evento de Paul McCartney marcó otro hito: “Nos pidieron 167 MagicPanel, pero Golden Sea exigía una compra mínima de 500. Temí perder el pedido… pero terminamos fabricándolos todos”. Aquella apuesta audaz, y un tanto arriesgada, terminó consolidando uno de los modelos más emblemáticos de la marca.

Con un enfoque que prioriza la calidad, la innovación y la confiabilidad, la marca se posiciona como referente indiscutido del segmento high-end. “Somos una marca de alta gama con lanzamientos selectivos. Nuestra reputación está construida sobre creatividad, tecnología avanzada y fiabilidad”, resume con claridad.

De la idea al producto.

Esa solidez también se refleja en su proceso de desarrollo de producto. Cada nueva luminaria nace de una escucha activa al mercado, con foco en las necesidades reales de los usuarios. “Anticipamos tendencias, pero no solo eso: cada nuevo lanzamiento debe proponer algo verdaderamente innovador. No desarrollamos por desarrollar, sino para transformar”, explica. La validación constante en el terreno es parte esencial de ese proceso.

La inspiración, para Peard, no proviene de un único lugar. El diseño industrial, el automovilismo, el cine y la tecnología alimentan constantemente su imaginación.

Pero no se trata solo de estética: “El objetivo es ofrecer herramientas inéditas a los diseñadores de iluminación”, afirma, “La creatividad es una brújula, pero siempre en función del usuario”.

Un caso emblemático fueron los primeros productos, como EasyColor (2003) y su versión mejorada EasyColor 2 fueron pioneros como moving heads LED en una época anterior al boom del LED. Aunque no vendían mucha intensidad, demostraron la determinación de Peard por no conformarse con copias de mercado: se trataba de luminarias concebidas para innovar desde cero.

Para lograr un producto icónico, el proceso no es individual sino colectivo. “Lance Liu ha sido clave, con más de 15 años de colaboración continua. Junto a él, un equipo multidisciplinario de ingenieros, diseñadores y técnicos, con base en Francia y liderado por Cyril Union en Investigación y Desarrollo, conforman el núcleo creativo. La estructura colaborativa permite que cada luminaria sea el resultado de una visión compartida y técnicamente robusta” detalla con orgullo.

Y como en todos los procesos, hay hitos. Peard destaca avances clave como el NandoSpot SC, un proyector LED de 20.000 lúmenes en blanco, resultado de dos años de trabajo conjunto con Gaggione en ópticas patentadas, y el WildSun K25, capaz de reemplazar equipos HMI de 4.000 W consumiendo solo 2.600 W.

Sin duda, ambos equipos ya son un clásico y reflejan la obsesión por eficiencia, precisión óptica y respuesta a demandas reales del mercado.

Los nombres de las luminarias no son aleatorios: son parte del alma de cada producto. Peard encuentra en sus pasiones personales, el automovilismo, el cine y la música, una fuente constante de inspiración. “Cada nombre refleja el carácter del dispositivo. Por ejemplo, Cobra  evoca poder y precisión”, confirma, “Así, la pronta emocional se traduce en identidad, diferenciando a cada modelo con un significado propio”

Detrás de ese nombre hay un extenso proceso. Desde la idea inicial hasta la salida al mercado, el desarrollo de una luminaria puede tomar entre 12 y 18 meses. Implica diseño, prototipos, pruebas rigurosas y ajustes constantes. “Generalmente tenemos entre siete y diez proyectos en paralelo”, confiesa.

A más veinte años de su nacimiento, AYRTON no solo mantiene su impulso innovador, sino que lo renueva con cada generación de productos. La visión de Yvan para el futuro es clara. “Queremos seguir sorprendiendo con luminarias revolucionarias, reforzando nuestro liderazgo global”, asegura.

“Fuimos pioneros en soluciones LED mucho antes de que se volvieran estándar. Nuestra misión siempre fue empujar los límites”, dice. Con más de 70 luminarias en su historial, AYRTON no solo evolucionó el mercado: lo ayudó a transformarse.

En ese camino, las colaboraciones con diseñadores de iluminación y compañías aliadas han sido clave para AYRTON. Lejos de ser un proceso aislado, el desarrollo de productos se nutre del diálogo directo con quienes los usan en el campo. “Esto aporta ideas frescas, nuevas perspectivas y nos permiten crear herramientas que responden a necesidades reales”, aseveraa.

El posicionamiento de AYRTON en giras emblemáticas también se debió a alianzas estratégicas. Por ejemplo, en 2012 Morpheus Lights descubrió el WildSun 500C en Berlín y lo aplicó en la gira de Bruce Springsteen, por su intensidad, tamaño compacto y temperatura cálida, sumándose una óptica y zoom mejorados. Y desde ese momento, la adopción global fue imparable

El camino por recorrer.

En cuanto al futuro de la iluminación digital, Peard proyecta una convergencia cada vez más sólida con las tecnologías digitales. “Vamos hacia sistemas de control más inteligentes e interactivos, donde las fuentes láser serán protagonistas”, anticipa.

Como toda empresa que innova, AYRTON también enfrenta sus propios desafíos. Lo más importante hoy es mantener la calidad sin sacrificar la velocidad ni la capacidad de innovación. A eso se suma una presión creciente por desarrollar productos más eficientes y sustentables, en sintonía con un mercado cada vez más consciente. “La eficiencia energética ya no es una opción, es una necesidad”.

Y lo ha demostrado dando un salto tecnológico con el Kyalami, su primer luminaria IP65 con fuente láser en la serie Creative Solution; compacta y de solo 265 mm que integra módulo láser de 100 W, sistema óptico de tres lentes proyectando un haz de solo 1° y un flujo luminoso de hasta 400.000 lux a 10m. Esta esfera mínima, con lente de 126 mm, incorpora mezcla progresiva CMY de alta definición, 29 gobos metálicos, dos prismas rotativos e incluso filtros frost, todo en apenas 14,5 kg

Yvan lo define como el comienzo de algo nuevo: “La tecnología láser es un nuevo punto de partida”, insiste, al presentar lo que ya él considera “una generación capaz de hacer casi cualquier cosa” en iluminación profesional.

Esa mirada también se traduce en decisiones concretas. La sustentabilidad no es solo un valor declarado, sino un eje estratégico para la marca. Todos los productos se diseñan pensando en un bajo consumo y una vida útil prolongada. “Es esencial para el futuro de la industria, y también para el nuestro”, reflexiona.

La inclusión también forma parte del ADN de AYRTON. Peard reconoce el papel fundamental de las mujeres en la industria de la iluminación y señala que la empresa promueve activamente la igualdad de oportunidades. “Incluir a más mujeres en nuestros equipos de desarrollo no es solo justo, es necesario”, asegura, y fomenta su participación a través de programas de formación y una política interna orientada a la diversidad.

El equipo que rodea a Peard comparte un código común: pasión, curiosidad y la ambición de superarse constantemente. Desde su lugar como líder, busca fomentar un entorno donde las ideas nuevas sean bienvenidas, el error no sea penalizado, sino comprendido como parte del proceso creativo, y donde la colaboración se viva como un valor, no como un eslogan.

“Una cultura creativa se construye cuando todos se sienten valorados”, remarca.

Para asegurarse de que cada producto cumpla con las expectativas de quienes lo usan en el campo, AYRTON trabaja de forma estrecha con los involucrados. Los procesos incluyen pruebas en condiciones reales, feedback directo de técnicos y artistas, y ajustes continuos que responden a la experiencia de uso.

¿Qué diferencia a AYRTON de otras marcas? Para Peard, la respuesta es clara: “No seguimos tendencias, las creamos”. Ese compromiso con la innovación, sin concesiones, ha sido la brújula desde el primer día. Cada producto que lanza la compañía busca ofrecer algo nuevo y su catálogo refleja una identidad tecnológica única que no teme romper moldes.

El entusiasmo no decae: Peard anticipa luminarias más eficientes, con mejor control de la luz y diseñadas desde una lógica sustentable. “Es un proyecto ambicioso que marcará un nuevo hito para la marca”, remata con convicción.

Y viniendo de él, la promesa no es menor.

En AYRTON, cada rayo de luz es también una declaración de principios. Y detrás de cada luminaria, hay una historia de diseño, de perseverancia, y de visión.

Yvan Peard lo sabe bien: “No seguimos tendencias, las creamos”.

Por eso, mientras la industria avanza, AYRTON no se limita a seguir el ritmo: lo marca.

http://www.ayrton.eu

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