Carlos Alberto Álvarez Virgen vive el audio en carne propia. Gira, ajusta, prueba, propone y mejora. Su relación con MARANI no nació en un showroom: empezó en la trinchera, resolviendo problemas reales. Hoy, como soporte técnico para Latinoamérica y asesor directo de Michele Marani, combina experiencia de campo con desarrollo de producto.
A veces, la vocación aparece incluso antes de entender qué nombre tiene. Para Carlos Alberto Álvarez Virgen —más conocido como Alberto Virgen— esa conexión con el audio comenzó entre escenarios modestos y la intuición de un niño que ya sabía dónde quería estar.
Hoy gira como ingeniero de sistemas, FOH y productor junto al artista del regional mexicano Remmy Valenzuela, y colabora en otros proyectos aportando mezcla o armado de sistemas según cada necesidad.
“Desde que tengo uso de razón, soñaba con esto. Me encantaba ir a los shows en mi pueblo, aunque fueran pequeños, y quedarme mirando el escenario. Algún día quería estar detrás de todo eso”, recuerda.
No sabía bien cómo se llamaba lo que lo atraía, pero sí que lo apasionaban las bocinas, el sonido, la energía que generaban esos montajes.
El puente hacia ese universo fue familiar: su padre es músico, y fue en ese entorno donde se encendió la chispa. A los 15 años comenzó a trabajar con la empresa de audio Outlander Navarro, en Jalisco. Y ahí no hubo vuelta atrás. “Fue un camino natural. Empecé a trabajar y me gustó. Dije: esto es lo que quiero hacer toda mi vida”.
A los 18 ya estaba de gira con su primera banda: la reconocida Banda Tierra Sagrada, que por ese entonces tenía varios hits sonando fuerte. Con ellos recorrió México, Guatemala, Colombia y Estados Unidos. “Aprendí un montón con ellos. Fue una experiencia muy bonita, que me marcó”.
A los 25 llegó a su actual puesto junto a Remmy Valenzuela, donde ya lleva casi cinco años como parte fundamental del equipo técnico. “Me gusta lo que hago, y encima me pagan por hacerlo. ¿Qué más se puede pedir?”.

Un encuentro que lo cambió todo
El punto de inflexión en el camino de Alberto Virgen se dio —como muchas veces sucede en esta industria— durante una capacitación. En uno de los cursos de Pepe Ferrer, reconocido referente técnico del audio profesional en Latinoamérica, se cruzó por primera vez de forma directa con un procesador Marani.
“Vi que Pepe traía un Marani y le pregunté qué iba a hacer con él. Me dijo que Gilberto Morejón, el representante de la marca en Latinoamérica, se lo había dado para que, si alguien lo quería, lo vendiera al terminar el curso”, comenta. Alberto no lo dudó. “Le dije que yo lo podía girar con un artista en México para que lo vieran. Y así fue”.
Hasta ese momento, conocía Marani por referencias online y por los mismos cursos de Ferrer. Incluso ya había trabajado con un equipo OEM de la marca en su región. “Cuando lo vi, me di cuenta de que era igual a lo que ya había usado. Entonces hablé con Gilberto y le dije: ‘quiero ese procesador, lo quiero girando con nosotros’. Me dio un muy buen precio y antes de que empezara el curso ya lo había pagado”.
Apenas terminó la jornada, todos preguntaban por el equipo. Pero ya tenía dueño. “Me lo llevé y empecé a girar con él. Y fíjate que el cambio fue muy notorio”, enfatiza.
Ese mismo año, Remmy Valenzuela celebraba sus 15 años de carrera con una gira especial por todo México. Una oportunidad ideal para poner a prueba el sistema en escenarios diversos y exigentes. “Remmy es joven, tiene 35 años recién cumplidos. Pero tiene mucha trayectoria. Y además apoya que trabajemos con las herramientas adecuadas, lo cual es clave para nuestro trabajo”, indica Alberto.
Durante la gira, muchos de los shows se realizaron en espacios reducidos y acústicamente desafiantes, como los famosos palenques mexicanos. Pensado como un tour íntimo, el artista buscaba cercanía con el público, pero esa decisión trajo consigo escenarios complejos para el audio. “Nos metía en unos dilemas porque llegábamos a lugares bien chiquitos y bien reverberantes. Y el palenque es un reto: el artista al centro, las butacas en subida y el PA arriba, apuntando hacia abajo. No son lugares hechos para conciertos… pero ahí estamos nosotros, resolviendo”, reconoce Alberto entre risas.
Así comenzó una nueva etapa de descubrimiento con Marani, marcada por la exploración técnica, la confianza sonora y el respaldo en cada show.
La técnica al servicio del arte
Con el Marani en su rack, Alberto comenzó a notar una diferencia sonora inmediata, sobre todo en entornos pequeños y reverberantes. “Estuvimos haciendo gira en lugares tan reverberantes… y empecé a hacer los ajustes como lo aprendí con Pepe, y ese rever se disminuía. No digo que desaparecía, pero bajaba un 70%. Eso ya te cambia todo”, afirma.
El cambio no fue solo perceptivo: fue estratégico. El procesador le permitió llevar al frente una mezcla mucho más clara, definida y precisa. “Hace que todo venga al frente, que lo escuches como si el artista te estuviera cantando cerca. Ya no escuchás todo de manera difusa”, explica.
Pero eso fue solo el comienzo. Alberto también detectó otras ventajas técnicas fundamentales: “Después de ajustar con Marani, el sistema parece que no llegara tan fácil a un punto de límite. Desarrolla más energía sin forzar. Y lo mejor: no te lastima. Podés pisarle sin terminar cansado. Eso para mí es una gran ventaja”.
La clave está en la respuesta de fase. “Como ajusta la fase, todas las frecuencias salen al mismo tiempo. Ya no tenés impulsos que chocan en distintos momentos. Y eso es menos fatigante para el oído. Lo sentís todo más claro. No se trata solo de volumen: se trata de coherencia”.
Tanto se acostumbró al resultado que hoy lleva su procesador a todas partes. “A donde voy, va el MARANI”, dice.
Y relata una anécdota que le dejó en claro cuánto puede marcar la diferencia una buena herramienta bien usada. “En un show me decían: ‘Acá nadie suena bien. Hubieras traído otro sistema’. Pero cuando arrancamos y sonamos, el dueño se quedó mirando y me dijo: ‘¿Qué estás haciendo? Acá han venido artistas internacionales y nadie había sonado así’. Entonces agarré el procesador y le dije: ‘Esto es lo que hace la diferencia’. Le puse bypass… y la mezcla desapareció. Se quedó helado. Lo volví a activar, y volvió todo al frente. Ahí entendió”.
La fascinación no terminó ahí. Con el tiempo, y ya en contacto directo con el equipo de Marani, Alberto siguió descubriendo nuevas formas de optimizar sus sistemas. “Cuando conocí a Michele Marani, me enseñó muchas cosas más. Y entendí que esto no es solo una marca. Es una filosofía de trabajo”.

Herramientas que hacen la diferencia
La experiencia de Alberto con Marani no se limita a usar el procesador: lo exprime al máximo. Y cuando se le pregunta por las funciones clave que marcan la diferencia, no duda en destacar tres herramientas que se volvieron esenciales en su flujo de trabajo.
El Dynamic Loudness Filter también se ha ganado un lugar privilegiado en sus configuraciones. “Va mucho a las gráficas de Fletcher y Munson, de cómo se comporta el oído humano. Cuando bajás el volumen, enfatiza las frecuencias que el oído deja de escuchar. Y tenés la sensación de que sigue sonando igual. Es muy bonito”.
Y si tuviera que elegir una función favorita, se inclina por el Dynamic EQ. “En una mezcla, como parte final antes del sistema, es impresionante. El algoritmo de Michele es tan sutil, tan bonito, que aclara todo. Esa herramienta a mí me encanta”.
Con un sistema que también incluye limitadores, presets y filtros, lo que más valora Alberto es lo que no encuentra en ningún otro procesador: “El ecualizador lineal que estamos trabajando con Michele es otro ejemplo. No mueve la fase. Y ese tipo de herramientas es lo que hace tan especial a Marani”.
Del otro lado del desarrollo: el vínculo con Michele Marani
Uno de los aspectos que más entusiasma a Alberto Virgen es la relación directa que ha establecido con Michele Marani, fundador y desarrollador principal de la marca. Lo define con admiración: “Con Michele me la paso recabando información. ¿Qué ven los ingenieros en la marca? ¿Qué podemos mejorar? Todo eso se lo llevo, y lo hace”.
Esa apertura permanente al feedback es, para él, una de las fortalezas que hacen la diferencia. “Michele esto no funciona, esto sí funciona, necesitamos arreglar esto… y en cuestión de días está todo solucionado. Eso es lo primordial en cualquier marca: que al usuario final le hagan caso”.
El intercambio no es aislado ni puntual, sino parte de una dinámica de colaboración constante. “Tengo contacto directo completamente con él. Y eso es lo que él quiere. Escuchar. Aprender. Mejorar”.
Actualmente, están trabajando juntos en un proyecto ambicioso en México, que involucra la integración de amplificadores Marani en un sistema Adamson. “Están fascinados de escuchar su sistema con Marani. Y de ahí salieron muchas curvas de aprendizaje para todos”.
Más que un vínculo técnico, lo que Alberto encuentra en Michele es una filosofía compartida: evolucionar desde la experiencia real. “Nunca me ha dicho ‘eso está mal’. Siempre me dice: ‘Vamos a solucionarlo’. Y así vamos llevando esa curva de aprendizaje que va quedando incorporada en los productos. Eso para mí no tiene precio”.
Pero la colaboración no termina en las ideas. De forma natural, ese intercambio constante fue consolidando un rol clave: “Ya soy el soporte técnico de la marca en Latinoamérica”, cuenta entusiasmado Alberto.
Y no es una tarea menor: canaliza dudas, propone mejoras y transmite feedback de usuarios reales en giras reales.
Todo empezó como una curiosidad técnica y hoy es parte activa del desarrollo de producto. “Empecé a girar con el procesador, me empezaron a surgir dudas, Gilberto me ayudaba… pero cuando las preguntas ya eran muy técnicas, armamos un grupo con Michele en WeChat. Y ahí entramos en materia”.
Desde entonces, esa dinámica se volvió rutina. “Michele tiene horario nocturno, y a mí no me importa quedarme aprendiendo. Hay días que Gilberto se despierta y tiene 500 mensajes nuestros. Pero eso es lo que me gusta: que escuchan, prueban, ajustan. Y todo eso se transforma en mejoras reales”.
La frase final lo resume todo: “Creo que la forma en que empezamos a usar el procesador desde este lado le gustó, y por eso me pidió ayuda. Como especialista de la marca en Latinoamérica y como su soporte técnico en el desarrollo del producto”.

Lo que viene: visión a futuro y compromiso con la comunidad
Para alguien tan involucrado en el desarrollo y el uso de los equipos, el futuro de Marani no es una especulación: es un camino en construcción. Y Alberto lo tiene claro. “Lo importante ahora es tener conexión con muchos sistemas. Que podamos entregar en todos los protocolos —AVB, AES, Dante— de manera directa, sin conversiones. Una multiplataforma real. Ese es el deseo, y no creo que esté tan lejano”.
Con todos los procesadores y amplificadores de la marca en uso, y nuevos productos en desarrollo, su rol como soporte técnico para Latinoamérica y asesor externo se vuelve cada vez más estratégico. “Van a llegar nuevos modelos y vamos a hacer la revisión de qué les sobra, qué les falta. Eso es bonito. Poder participar desde adentro en ese crecimiento”.
¿Y qué lugar ocupa Marani en su ecosistema de trabajo? “En el punto número uno está Marani. Puedo usar otras consolas o micrófonos y llegar a resultados similares, pero con Marani puedo hacer cosas interesantes incluso con otros juguetes. No lo puedo quitar de mi lista”.
Antes de despedirse, deja un consejo para quienes recién se acercan a la marca: “Que no les dé miedo probarlo. Es una gran herramienta. A mí me cambió mucho la forma en que entendía el sonido. Ya no me preocupo por cómo va a sonar el sistema, solo por lo que tengo que hacer durante el show”.
Y cierra con una invitación directa: “Que se acerquen a mí, a Gilberto, a quien sea. Soy un apasionado de la marca y puedo ayudarle a quien sea. Van a ver que es impresionante lo que se puede lograr”.
En un contexto donde la tecnología suele hablar más fuerte que las personas, la historia de Alberto Virgen y MARANI invierte la ecuación: primero está la experiencia real, luego la herramienta. Desde la gira hasta el desarrollo de producto, el vínculo entre ambos demuestra que el mejor audio no nace en un laboratorio aislado, sino en el escenario, frente al público y bajo presión. Cuando una marca escucha a quienes están en la trinchera, el resultado no es solo mejor sonido: es una filosofía que evoluciona con cada show y se proyecta hacia el futuro del audio profesional en Latinoamérica.




